Por Martin Khor
El Objetivo 8 de los Objetivos de Desarrollo para el Milenio (ODM) no está bien detallado como para definir los objetivos y acciones necesarios en el ámbito de las finanzas internacionales, incluso los problemas de la deuda, los movimientos de capital y un sistema sano de financiación para el desarrollo.
El paradigma emergente exige a los países en desarrollo que adopten una actitud pragmática hacia la globalización y liberalización para integrar sus economías nacionales a la economía mundial en las áreas de finanzas, comercio e inversión. Sin embargo, el sistema financiero en general –cada vez más caracterizado por la ausencia de reglamentos, transparencia o un conjunto justo de reglas que resuelvan los conflictos entre países deudores y acreedores– requiere una revisión.
El origen de los Objetivos de Desarrollo para el Milenio (ODM) radica en la Declaración del Milenio de las Naciones Unidas, que fuera adoptada por la totalidad de los 189 estados miembros (147 de ellos representados por sus jefes de Estado o de gobierno), el 8 de septiembre de 2000.
La Declaración contiene numerosos compromisos para mejorar el destino de la humanidad en el nuevo siglo. Posteriormente, la Secretaría de las Naciones Unidas elaboró una lista de ocho ODM, cada una acompañada de objetivos e indicadores específicos. El Objetivo 8 se propone “fomentar una asociación mundial para el desarrollo”. Hasta noviembre de 2002 existían siete objetivos incluidos en el Objetivo 8 y 17 indicadores para medir el progreso logrado en ese sentido. Ver texto completo
Fuente: Revista del Sur