Contra esta monopolización de la producción se pronunciaron ciudadanos de todo el mundo: el conocido dirigente campesino francés José Bové, Pancha Rodríguez, campesina chilena, el suizo Jean Ziegler, el estadounidense Peter Rosset, lo que sirvió como prueba de que las voces contra estas políticas globales se quieren hacer oír desde todos los rincones del planeta, cada vez más.
Cada vez más cercano y contundente es, también, el peligro que representan los transgénicos, y por ello el tema se trató en diversos ámbitos del Foro: seminarios, paneles, en la presentación de un libro y en el lanzamiento de un periódico del Movimiento Sin Tierra, que contó con la presencia de personalidades literarias y artísticas de varios países de latinoamérica.
“La vida en venta: transgénicos, patentes y biodiversidad” es el nombre del libro presentado por la fundación Heinrich Böll el 25 de enero en el FSM. Su compiladora, la politóloga alemana Corinna Heineke, señaló en su ponencia que el cruce entre transgénicos y semillas convencionales puede llevar a la homogenización de los cultivos y hacerlos más susceptibles a plagas, si éstas desarrollan resistencias a las soluciones agroquímicas y biotecnológicas.
Para ilustrar un testimonio que de mito apocalíptico ya no tiene nada, Corinna señaló que en México, en septiembre de 2001, se encontraron evidencias de que en el estado sureño de Oaxaca están contaminadas con transgénicos entre tres y 13 por ciento de las semillas criollas de maíz, índice que en otras entidades del sur llega hasta a 60. Puntualizó que el problema de los transgénicos amenaza también a naciones como Canadá y Estados Unidos, en donde ya está siendo difícil controlar las “hierbas malas” (plagas) porque han desarrollado resistencias contra los pesticidas.