La Red Mexicana de Acción Frente al Libre Comercio (RMALC) convocó al panel “Lecciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA): los Movimientos de Resistencia frente a la Integración Económica” el viernes 24 durante la tarde. Allí, los miembros de la Red Alejandro Villamar, María Atilano y Alberto Arroyo aprovecharon para presentar la publicación “Impactos socioambientales del TLCAN: respuestas sociales ante la integración”.
En enero de 2001 se cumplieron siete años de vigencia del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), establecido entre México, Estados Unidos y Canadá. Según da cuenta RMALC en la introducción de su publicación, el TLCAN se ha convertido, para algunos, en un modelo de integración económica que pretende extenderse hacia el resto del continente (a través del ALCA, por ejemplo). Para otros, es ejemplo de una forma de integración subordinada en la que unos ganan y la gran mayoría pierde. La experiencia de los trabajadores, campesinos, pequeños empresarios, organizaciones sindicales, mujeres y organizaciones comunitarias de México han mostrado que en una realidad asimétrica, son siempre los más débiles los que pierden.
Experiencias de resistencia
“Impactos socioambientales del TLCAN” da cuenta de los impactos sociales y ambientales del TLCAN en importantes sectores de la población mexicana, a través del estudio de siete casos que ejemplifican una amplia gama de respuesta social y formas de lucha ante la integración económica injusta. Es así que el libro, tanto como la presentación durante el Foro Social Mundial, repasó experiencias tan diversas como el encarcelamiento de los campesinos ecologistas del Estado de Guerrero, o la creación de mercados alternativos internacionales y nacionales abiertos por los cafetaleros de Oaxaca y por los productores de maíz asociados en empresas comercializadoras.
Se incluyen testimonios de mujeres trabajadoras de la maquila y se ejemplifica la enorme fuerza de la cultura comunitaria y colectiva de los migrantes zacatecos que viven y trabajan en Estados Unidos.
Una de las situaciones más dramáticas por las que se ven afectados los agricultores mexicanos desde la entrada en vigencia del TLCAN, en enero de 1994, es la de la industria del café. La liberalización de los precios dio como resultado el ingreso de café importado de menos calidad, mientras que los cafetaleros de México veían cómo sus granos se pagaban muy por debajo del propio costo de la cosecha.
Atilano destacó el rol de las mujeres en el proceso de defensa de la producción de café, mientras que Villamar dio cuenta de la interesante experiencia de los productores que se han dedicado a desarrollar un tipo de café orgánico que ha obtenido mucho mejor precio en el mercado internacional.
El campo no aguanta más
Pero el sector más afectado hoy en México es sin duda el del maíz, cuya importación está subsidiada por el gobierno y no así su producción nacional. El gobierno alega que subsidia la importación de maíz -el principal producto agrario mexicano- para beneficiar al consumidor. RMALC sostiene que eso no es cierto dado que, en primer lugar, el precio no ha bajado, y en segundo lugar lo que sí ha bajado es la calidad del maíz. De esta manera, los productores locales han llegado a un punto en que ya no les es rentable sembrar maíz, aunque lo siguen haciendo para alimentarse ellos mismos ante la falta de trabajo.
Atilano afirma que la del maíz no es únicamente una cuestión mercantil, sino de vida. “Somos mujeres y hombres del maíz”, sostiene, “el maíz nos define”.
Bajo la consigna “El campo no aguanta más” se lanzó recientemente una movilización agraria a lo largo y ancho de México que ha obligado al gobierno, por lo menos, a sentarse a dialogar. Los productores del campo le exigen al gobierno mexicano que aplique una medida de emergencia para frenar la crisis por la que atraviesa el sector. Esa medida establece, en primer lugar, la suspensión del TLCAN para el sector agropecuario.
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