Holocausto en Gaza
Fuente: Countercurrents.org
Rohini Hensman

En febrero de 2008, el Viceministro de Defensa Israelí, Matan Vilnai, advirtió que si Hamas continuaba lanzando cohetes, provocarían sobre ellos un "Shoah mayor", palabra utilizada por los israelíes para referirse al genocidio u holocausto Nazi. Esta declaración vino a raíz de los ataques contra Gaza, que dejaron 32 palestinos muertos, entre ellos ocho niños, siendo el más joven un bebé de seis meses. Estos ataques regulares, combinados con un bloqueo que priva a los palestinos de Gaza de alimentos, combustible, agua potable, medicamentos y material educativo, fue el lento “Shoah” que ha venido teniendo lugar hacia el 27 de diciembre de 2008. El bombardeo a gran escala que se inició en esa fecha es, sin duda, el "Shoah mayor" prometido por Vilnai y que, según informes Israelíes, se venía planificando al menos desde febrero (1).

Hubo protestas contra el bombardeo israelí por todo el mundo con manifestantes indignados, mientras el número de muertos palestinos ascendía a más de 300 en tres días, pero los palestinos en Gaza sintieron que la comunidad internacional estaba actuando como mera espectadora ante la masacre. No se equivocaron. Manifestaciones de protesta no son suficientes para detener un holocausto. Incluso menos eficaces son las declaraciones mojigatas de las Naciones Unidas y de la Unión Europea equiparando una vida israelí con más de un centenar de vidas palestinas, lo que hace del firme apoyo de George W. Bush a la masacre algo casi atractivo por su honestidad. Entonces, ¿qué podemos hacer?

Derribando mitos

La primera necesidad es derribar los mitos que han sido utilizados con éxito para viciar a todas las anteriores acciones contra Israel. En primer lugar, el mito de que la fundación del Estado sionista tiene algo que ver con el genocidio nazi. De hecho, el proyecto fue concebido décadas antes del holocausto nazi, y fue un sencillo programa colonial en el que los colonos europeos vendrían a desalojar de sus tierras a los pueblos nativos del Tercer Mundo para quedarse con ellas. Gandhi vio esto con extrema claridad, razón por la cual se negó a dar su apoyo a los sionistas cuando éstos se le acercaron, a pesar de su simpatía por los judíos perseguidos (2).

El segundo mito es que la crítica o la oposición al Estado sionista de Israel constituyen anti-semitismo, y que es un ataque a todos los judíos. Esto no es verdad; de hecho, los judíos se encuentran entre los más férreos críticos no sólo de las atrocidades cometidas por Israel sino también de la sola idea de un Estado sionista. La noción de que judaísmo y sionismo son la misma cosa es compartida por anti-semitas y sionistas; los primeros asumen que todos los judíos son responsables por los crímenes de los sionistas, mientras que los segundos asumen que toda condena a los crímenes sionistas constituye un ataque contra los judíos. Estas asunciones, igualmente reprobables, son simplemente dos caras de la misma moneda.

El tercer mito es que alguna vez existió la posibilidad de una solución de dos estados. Dos modelos de colonialismo fueron debatidos por los sionistas. Un modelo, apoyado por unos pocos, era el sudafricano, en el que a los palestinos nativos, si bien expulsados de su tierra y agrupados en Bantustanes, se les permitiría permanecer en el país. La mayoría opinaba que la población nativa debía ser eliminada, como los pueblos indígenas de América o Australia. Con este objetivo se llevaron a cabo masacres para aterrorizar a la población y obligarla a retirarse, un proceso conocido entonces como ‘transferencia de población’ y ahora como ‘limpieza étnica’, y considerado desde los juicios de Nuremberg un crimen contra la humanidad (3). Ambos lados veían a Israel devorándose toda Palestina, y una mirada a un mapa actual de Palestina e Israel demuestra que esto ha sido logrado, con el muro del Apartheid atrincherando a Cisjordania en guetos, mientras que el hecho demostrado de que Israel pueda bloquear a la Franja de Gaza de manera tan efectiva demuestra que ese territorio, también, no es otra cosa que un gueto.

Si Israel controla las fronteras no contiguas, las aguas costeras, el agua terrestre y el espacio aéreo del propuesto ‘Estado Palestino’, si la población de Gaza puede ser hambreada y bombardeada simplemente por ejercer su derecho a elegir un gobierno que el Estado de Israel no aprobó, no podría haber una prueba más clara de que la autodeterminación palestina no es una opción en tanto permanezca el régimen zionista. La lucha, por lo tanto, no es por un Estado palestino independiente sino por un Estado democrático, como en la Sudáfrica post Apartheid, con iguales derechos para todos en todo el territorio de la Palestina histórica. Esto resolvería el problema del estatus de segunda clase que poseen los ciudadanos palestinos de Israel, la necesidad de la autodeterminación para los palestinos en los territorios ocupados en 1967, y el derecho a retornar de los refugiados palestinos, todo esto sin conducir a los judíos israelíes fuera del territorio. Es la única solución posible (4).

El cuarto mito es que Israel ataca a los palestinos en legítima defensa. Tomemos la masacre más reciente como ejemplo: Israel sostiene, y lo repiten otros políticos y la prensa, que Hamas rompió el cese al fuego. Pero un análisis cuidadoso de las violaciones al cese al fuego demuestra que una vez que Hamas venció a Fatah y tomó el control de la Franja de Gaza, las violaciones desde su lado cayeron a cero, hasta que Israel rompió el cese al fuego con un ataque aéreo y una invasión por tierra el 4 de noviembre. Más aún, durante el cese al fuego Israel implementó un sitio y un bloqueo naval a Gaza, definidos como actos de guerra por el derecho internacional. De manera que fue Israel quien rompió el alto el fuego con un acto de agresión, y que el gobierno legalmente electo de Hamas en Palestina era el que actuaba en legítima defensa (5). Esto significa que en el derecho internacional, el asesinato de cada uno de los más de 550 palestinos muertos en la masacre más reciente, ya sea la basta mayoría de civiles o la pequeña minoría de combatientes, es un crimen equivalente a asesinar a un civil israelí.

De hecho, incluso antes de la masacre de diciembre, era claro que lo que Israel estaba haciendo en Gaza equivale a la definición de genocidio según la Convención de Ginebra (1948), reiterada por el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (2002), la cual incluye: ‘(c) Infligir deliberadamente en el grupo condiciones de vida calculadas para alcanzar su destrucción física total o parcial’ (6). El lanzamiento de cohetes hacia Israel por parte de Hamas fue, como el levantamiento del gueto de Varsovia en 1943, una respuesta a un exterminio inminente: un desesperado intento por sobrevivir. La hostilidad de los sionistas hacia cualquiera que defendiera los derechos de los palestinos los condujo en 1948 a asesinar al Conde Folke Bernadotte, quien había negociado la liberación de decenas de miles de prisioneros de los campos de concentración alemanes y fuera luego nombrado como mediador del Consejo de Seguridad de la ONU en el conflicto árabe-israelí. Más recientemente, el vergonzoso abuso del que fue víctima Richard Falk, Relator Especial de la UNHRC sobre la ocupación en Palestina (él mismo un judeo-americano), a quien en diciembre de 2008 se le denegó la entrada, se le maltrató y deportó, sugiriendo que sólo consideraciones pragmáticas evitaron que también fuera asesinado (7).

¿Qué hace falta hacer?

Según 21 activistas de derechos humanos de Sudáfrica (incluyendo judíos) que visitaron Cisjordania en julio de 2008, la situación en Palestina/Israel era ‘mucho, mucho, mucho peor que todo lo que hemos pasado. El nivel de segregacionismo, el racismo y la brutalidad, eran peores que en el peor período del apartheid;’ ‘Nosotros pasamos por algo terrible, terrible, terrible, y sin embargo no existe comparación. Aquí es más terrible’ (8). Una reacción internacional al menos tan fuerte como la reacción frente al Apartheid en Sudáfrica parece apropiada, incluyendo la continuación de la campaña de boicot y sanciones contra Israel impulsada por grupos de la sociedad civil el 9 de julio de 2005 hasta que el régimen segregacionista sea reemplazado por uno democrático. Esto debería incluir un boicot cultural, académico y deportivo, y un boicot de los consumidores hacia bienes israelíes (todo producto cuyo código de barras comience con 729), así como el boicot a compañías que inviertan en, se provean de, o apoyen de cualquier otra manera a Israel, y la presión para que cambien sus políticas. También debería incluir la presión sobre gobiernos para que rompan relaciones diplomáticas, económicas y militares con Israel, señalando que éstas constituyen una complicidad en los crímenes israelíes (9).

Debería existir una presión extra sobre regímenes abiertamente colaboracionistas, como los de Mahmoud Abbas, Hosni Mubarak y los aliados árabes de Israel, a quienes debería hacérseles sentir que serán rechazados por sus pueblos a menos que cesen su complicidad con los crímenes de Israel. Debería ejercerse una presión enorme sobre Estados Unidos, que asiste a Israel anualmente mediante miles de millones de dólares así como mediante otras formas de respaldo. Dadas las indicaciones de que no habrá cambio alguno en la política de Estados Unidos hacia Israel y Palestina bajo la administración de Barack Obama, la presión debería comenzar inmediatamente, antes de su toma de posesión. Y la presión desde dentro de los Estados Unidos debería verse reforzada por la presión internacional.

La economía de Estados Unidos se encuentra en una profunda crisis, con 10 billones de dólares de deuda nacional, y la única razón por la que puede seguir sosteniendo a Israel es que el dólar americano es tomado como moneda de cambio internacional y que las ventas de petróleo son hechas en dólares, de manera que Estados Unidos ha venido recibiendo mayor o menor crédito ilimitado por parte del resto del mundo. Rusia y los países miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (GCC por su sigla en inglés) deben ser presionados para que apoyen los derechos de los palestinos denominando de inmediato sus ventas de petróleo en euro, como transición hacia el cambio por rublos en el caso de Rusia, y por una moneda común del Golfo en el caso de los países del GCC. Países como China y Japón, con sus masivas reservas de dólares americanos, deberían condicionar un mayor crédito al cese del financiamiento de Estados Unidos a Israel, así como de las guerras en Irak y Afganistán, y países con menores reservas de dólar deberían cambiar sus reservas a otras monedas. Tales medidas son necesarias no sólo por consideraciones éticas, sino también pragmáticas: si la extensión del crédito es utilizada para reconstruir la economía de Estados Unidos, existe la posibilidad de que el mismo sea devuelto, mientras que si se usa para financiar las agresiones contra Palestina, Irak o Afganistán nunca será devuelto. En esta campaña muy poca acción individual es posible, y el éxito dependerá de ejercer una presión colectiva sobre los gobiernos para que boicoteen el dólar americano hasta que Estados Unidos deje de ejercer y apoyar la agresión imperialista. Con muy pocas excepciones, los gobiernos del mundo son cómplices de las atrocidades que se están cometiendo en Gaza, así como lo fueron en aplastar el levantamiento del gueto de Varsovia (10), y se necesitará una fuerte presión pública para exponer, condenar y poner fin a esa complicidad,

Los mitos enumerados más arriba deben ser desafiados en cada foro, junto con el más difuso racismo que consistuyen sus premisas. Podemos no estar de acuerdo con las políticas de Hamas, así como podemos no estar de acuerdo con las políticas del Partido Laborista británico, pero no por ello debemos aceptar la matanza de todos los líderes y miembros de Hamas, sus familias, funcionarios de gobierno, y cualquier miembro de la población palestina que los eligió para estar en el poder, así como no aceptaríamos la matanza de los líderes y miembros del Partido Laborista, sus familias, funcionarios de gobierno, y miembros de la población británica que los eligió para estar en el poder. El hecho de que en Estados Unidos y la Unión Europea no puedan ver esta equivalencia demuestra hasta qué punto están dominados por el mismo racismo que permitió que floreciera la esclavitud y que los pueblos indígenas de América y Australia fueran exterminados. Donde los negros maten a los negros, como en Ruanda, o los blancos maten a los blancos, como en Bosnia, hay una chance de que la ONU pueda tomar acción, por más débil o tardía que pueda ser. Pero donde los blancos matan pueblos del Tercer Mundo, como en Palestina, no hay esperanzas de que se tome ninguna acción a menos que los ciudadanos del mundo presionen a sus gobiernos a apoyar una solución que pueda llevar justicia y paz a Palestina e Israel. Es bueno que haya habido protestas alrededor del mundo contra la masacre de palestinos en Gaza, pero un cese al fuego no será mejor que poner una cinta adhesiva sobre una herida infectada que sólo volverá a supurar tarde o temprano. La herida no puede sanar hasta que la infección haya sido eliminada, eliminando el estado de Apartheid por un estado democrático, y para lograr eso se necesita una acción concertada y a largo plazo.

Traducción de Choike


Notas

(1) Ministro israelí advierte sobre “holocausto” Palestino, Guardian, 29 de febrero de 2008.

(2) A.K.Ramakrishnan, ‘Mahatma Gandhi rechazó el sionism,’ The Wisdom Fund, 15 de agosto de 2001.

(3) Los debates así como los métodos por los cuales se llevó a cabo la limpieza étnica de los palestinos están debidamente documentados en ‘La Limpieza Étnica de Palestina’, de Ilan Pappe, Oneworld Publications, Oxford, 2007.

(4) Ver el sitio del One Democratic State Group

(5) ’Sobre Sderot and Ashkelon’, Jews sans Frontiers, 30 de diciembre de 2008.

(6) Sobre este punto ver ’Genocidio en Gaza, limpieza étnica en Cisjordania’, de Ilan Pappe, 28 de enero de 2008.

(7) ’Obama v. Richard Falk respecto a Israel y la Palestina ocupada’, Stephen Lendman, 24 de diciembre de 2008.

(8) Dimensión desconocida / ‘Peor que el apartheid’, Gideon Levy, Haaretz, 12 de julio de 2008.

(9) Por detalles de esta campaña ver Global BDS Movement – Boycott, Divestment and Sanctions for Palestine. El sitio de la Red Internacional Judía anti-sionista (IJAN) también ofrece sugerencias para la acción, incluyendo la firma de una petición en apoyo del presidente de la Asamblea General de la ONU, Miguel D’Escoto Brockmann, quien condenó el apartheid de Israel y llamó al boicot y las sanciones. Información sobre compañías relacionadas con Israel también se encuentra en el folleto ‘Boicot al Apartheid de Israel’ publicado por Friends of Al Aqsa.

(10) Ver ’El levantamiento del gueto de Gaza’, Joseph Massad, Electronic Intifada, 4 de enero de 2009.




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