13 de Noviembre de 2008
La policía antimotines de Israel irrumpió el domingo 9 de noviembre en la Iglesia del Santo Sepulcro y arrestó a dos monjes, uno armenio y uno ortodoxo griego, para poner fin a una violenta trifulca más propia de parcialidades en un estadio de fútbol que de clérigos en el lugar más sagrado de la cristiandad.
Los monjes armenios habían organizado una procesión para conmemorar cuatro siglos del descubrimiento de las maderas que veneran como procedentes de la cruz en que fue ejecutado Jesús. Los monjes griegos formaron una barrera para evitar que la procesión, a la que no fueron invitados, llegara al edículo de la tumba de Jesús que ellos custodian. “Si la procesión pasaba hubiera establecido un derecho que ellos no tienen”, explicó a la prensa un monje griego que dijo llamarse Serafim, quien sangraba por un corte en la cara que le habría provocado un monje armenio con un puñetazo por detrás que le rompió los lentes.
El Santo Sepulcro está custodiado por seis iglesias cristianas (católicos romanos, ortodoxos griegos, coptos, armenios, sirios y etíopes), cada una de las cuales tiene lugares exclusivos y administran en conjunto los lugares comunes. No es tarea fácil. En el siglo XIX alguien puso una escalera de madera sobre una cornisa a la entrada y ésta sigue allí porque no hay acuerdo sobre quién tiene autoridad para sacarla. Peor aun, un lugar frecuentemente atiborrado por miles de peregrinos carece de salida de emergencia porque no hay consenso sobre dónde ponerla y un techo está a punto de caerse pero las obras para evitarlo no pueden comenzar por desacuerdos entre coptos y etíopes.
Mientas tanto, sí hay acuerdo global en reformar la “arquitectura financiera internacional”, a juzgar por los anuncios hechos en São Paulo al final de la reunión del Grupo de los 20 (G-20) (2) preparatoria de la cumbre de Washington sobre las finanzas mundiales del próximo viernes 15.
Tanto es así que los líderes de la Unión Europea ya acordaron el pasado viernes 7 cuatro principios para esta reforma. Los tres primeros establecen la regulación y disciplina necesarias para que puedan funcionar mercados financieros globales: regulación universal, sin excepciones (no más paraísos fiscales ni banca offshore, regulación de las agencias calificadoras de riesgo), transparencia y normas contables comunes que terminen con el secreto bancario y el ocultamiento de riesgos, y monitoreo gubernamental sobre los grandes grupos financieros, con vigilancia adecuada para detectar a tiempo futuras “burbujas”.
El cuarto principio europeo quiere otorgarle al Fondo Monetario Internacional (FMI) la tarea de “prevenir las crisis” y un “papel central en una arquitectura financiera más eficiente”, ya que la institución financiera contaría con “la legitimidad y universalidad necesarias”.
Tal confianza de la Unión Europea en el FMI contrasta abiertamente con la de los participantes del sur en la cumbre del 15 de noviembre. Las acusaciones de Argentina, Tailandia e Indonesia al FMI de haber, si no causado, al menos contribuido a empeorar sus respectivas crisis financieras son notorias. Y el ex ministro de Finanzas de India Yashwant Sinha dijo en junio, meses antes de que estallara la crisis: “Creo que las instituciones financieras internacionales que tenemos son terriblemente inadecuadas para lidiar con los desafíos globales. Hay una falla importante en la regulación en Estados Unidos y ¿qué hace el FMI sobre Estados Unidos? Nada”.
Hay un amplio consenso entre los analistas sobre que el origen de la crisis financiera y la consiguiente recesión en la economía global está en haber concedido millones de hipotecas en Estados Unidos a quienes no podían pagarlas, para luego revender estos papeles “tóxicos” a bancos e instituciones financieras de todo el mundo como si fueran buenos. Los primeros puntos de la propuesta europea apuntan a evitar estos “contagios” en el futuro, pero la designación del FMI como agente regulador es un burdo intento de promover sus propios intereses. Desde su creación ha estado siempre dirigido por un europeo (y el Banco Mundial por un estadounidense) y los europeos tienen treinta y tres por ciento de los votos en la institución y, por lo tanto, poder de veto, al igual que Estados Unidos, que tiene diecisiete por ciento.
Cuando Rusia, el sudeste asiático y Argentina tuvieron sus crisis financieras, el FMI acudió al rescate e impuso sus condicionalidades, en muchos casos estableciendo reglas y disciplinas que los grandes bloques económicos no aplicaron en su propia casa. Ahora que Estados Unidos y Europa están en crisis y necesitan para recuperar la economía mundial de las reservas acumuladas por los países excedentarios (China, India y algunos grandes exportadores de petróleo), las potencias que controlan el FMI no sólo quieren que los países pobres financien la recuperación de los ricos ¡sino que, además, lo hagan a través de la institución que ellos controlan!
Dos semanas después de la reunión del G-20 en Washington, el “G-192”, o sea los 192 miembros de las Naciones Unidas, van a reunirse al más alto nivel en Doha, la capital de Qatar, en la segunda cumbre sobre “Finanzas para el desarrollo”. Pero Estados Unidos y Gran Bretaña se niegan a que allí se discutan las finanzas mundiales o su reforma.
Así comentó un experto inglés su impresión de una reunión con los asesores financieros del primer ministro Gordon Brown: “A corto plazo quieren mayor coordinación global en los apoyos a los países víctimas de la crisis financiera, pero se niegan a reconocer ninguna responsabilidad del sector financiero de Estados Unidos o Gran Bretaña. Quieren relanzar las negociaciones comerciales, pero están contra cualquier mandato de las Naciones Unidas. Nos dijeron que el primer ministro tiene ideas ambiciosas, pero no presentaron ninguna y no quisieron discutir las nuestras. Dijeron que el primer ministro quiere un cambio duradero y ‘sistémico’, pero anunciaron que las próximas cumbres sólo discutirían temas de corto plazo. Muy decepcionante”.
Los mandatarios y mandatarias que se reunirán en Washington harían bien en reflexionar sobre la gresca en el Santo Sepulcro, donde no hay salida de emergencia y el techo amenaza con caerse porque los guardianes de cada capilla defienden privilegios mezquinos en vez de cuidar el bien común. La arquitectura financiera internacional se parece demasiado a la Iglesia del Gólgota.
(1) Roberto Bissio es Coordinador de la Red Social Watch
(2) La cumbre del Grupo de los 20 (G-20) nuclea a las siete economías más ricas además de 12 emergentes (Rusia, China, India, México, Brasil, etc.)
(3) Conferencia de la ONU sobre Financiamiento para el Desarrollo, que se realizará en Doha, Qatar, del 29 de noviembre al 2 de diciembre de 2008. con el cometido de revisar el estado de las metas sobre desarrollo acordadas en 2002 en Monterrey.
© Este artículo fue publicado el 13 de Noviembre de 2008 en el suplemento semanal Agenda Global, publicado por La Diaria de Montevideo, Uruguay.