Setiembre de 2007
Montevideo, Uruguay
Me siento muy satisfecho y he aprendido mucho de quien me ha precedido en el uso de la palabra. Pero no tengo más remedio que pedirles disculpas porque voy a dar una visión desde la Medicina Legal o Forense, que es una Medicina un poco híbrida porque los médicos no nos ven muy médicos, nos ven cerca de los abogados y los abogados nos ven intrusos en el Derecho, así que le pido disculpas también a los abogados porque pueda hacer alguna referencia legal.
La Medicina Legal y Forense es una especie de puente entre Derecho y Medicina, y mis reflexiones serán desde esta especialidad.
Aborto y despenalización
Decían los viejos clínicos que no hay enfermedades sino que hay enfermos y estuve pensando en eso con respecto del aborto. El aborto en sí no existe como una elección, entelequia, una cosa aislada, ya que no existe sino hay una mujer. No hay abortos hay mujeres que abortan. No hay enfermedades, decía, porque la enfermedad precisa un paciente, la enfermedad necesita un doliente, paciente en el sentido de padecer. El aborto creo que podemos tomar esa imagen, es una realidad, no existe el aborto sino hay una mujer, la mujer es la que aborta con todo ese drama, con todo lo que implica no desearlo, pero hacerlo y lo suscribo totalmente, no hay abortos, hay mujeres que se ven “forzadas” a abortar. Ya se penaliza ella, ¿tenemos derecho como sociedad a castigarla más cuando es una decisión que va seguramente a trastornarla mucho, a afectarla, y creo que no hay aborto que no afecte?.
Entonces se me ocurre expresar otra cosa. Podemos estar en contra del aborto pero a favor de la despenalización, aquí en general se maneja como que esas dos cosas no pueden ser así, es decir, si yo estoy a favor de la despenalización estoy a favor del aborto y no, no pasa por ahí y me meto un poco en lo jurídico porque no pasó por ahí tampoco en la cabeza del codificador, de Irureta Goyena, cuando no incluyó el castigo en el Código Penal. En Código Penal de 1934 no existe el delito de aborto, viene después con la Ley 9.763 de enero de 1938. ¿Qué pasó del 34 al 38? No pasó nada, habría muchísima gente en contra del aborto pero lo que pasaba era que no se penalizaba y no hubo ningún drama social por no penalizarlo. Me parece que es posible llegar a ciertos consensos, porque claro, se ha manejado toda una situación muy polar, los que están a favor y los que están en contra y es un diálogo de sordos. No vamos a convocar en esta mesa a gente que esté a favor y en contra porque no se van a entender, no vamos a sacar provecho de nada porque cada uno da su discurso y no dialoga. Pero creo que tenemos que hacer el esfuerzo de llegar a un mínimo consenso, lo hemos hecho en la Cátedra de Medicina Legal. Supondrán ustedes que todas estas discusiones se han dado con gente de distintas opiniones y con la libertad de cátedra desde que profesamos y estimulamos esa libertad que viene de tan viejo, de épocas tan remotas, desde Giordano Bruno por ejemplo, y que le costara la vida a más de uno esa libertad. Yo les permito a los docentes de la Cátedra tener opiniones totalmente diversas en temas en que no puede haber unanimidades, pero hemos intentado esto que les decía: un mínimo consenso y ¿saben a lo que hemos llegado?, incluso está publicado en un artículo en la Revista Médica del Uruguay que realizamos con el Doctor Hugo Rodríguez que es Profesor Adjunto de la Cátedra, hemos llegado a que con lo que ya está legislado, con la Ley de 1938, hay muchas cosas que se pueden hacer y hemos sacado un artículo que se llama “Aborto por indicación médico legal”. Es decir que hay cuatro causales que no sabemos bien por qué nunca se emplearon adecuadamente, están allí en el Código - porque la Ley de 1938 se incorpora al Código - pero nunca funcionaron esas causales adecuadamente, no se reglamentaron, no se dispusieron los mecanismos adecuados. En su momento hubo, sin embargo, algunos decretos de Salud Pública y estoy hablando de la época de García Capurro, en el año 38, donde hubo incluso comisiones como la Comisión de Eugenesia, en que tenían que opinar sobre los abortos por malformaciones, por ejemplo, o sea, que había ya un clima de autorizar algunos tipos de abortos.
Buscarle la vuelta
Desde la cátedra hemos llegado prácticamente todos a un consenso que es el siguiente: si en el parlamento o en la comunidad toda, en el Uruguay, la cosa está tan polarizada que no va haber una ley nueva que mejorara la situación ¿qué podemos hacer, qué podemos utilizar de lo que ya está? Y hay muchas cosas que incluso se podrían hacer a nivel de abogados que se dediquen a juntar toda esta legislación, porque solamente con las cuatro causales que están en el Código Penal ya mucho se puede realizar con amparo legal.
Es decir, está prevista la posibilidad del aborto terapéutico por enfermedad grave de la madre o para salvar la vida, y ahí viene la interpretación de si incluye o no al feto; hay algunos juristas - en opinión minoritaria -pero que lo admiten. Está previsto que el juez tampoco puede castigar, no es delito porque pierde el carácter de ilegal cuando se trata de un embarazo no deseado; dice violación pero se podría interpretar incluso de ser un embarazo forzado. Está previsto, pero queda a criterio del juez, y qué juez, me imagino yo, va a llevar adelante una penalización cuando hay penuria económica.
Y el otro es por causas de honor que también habría que interpretar a qué nos podemos referir hoy como causa de “honor”, qué puede ser hoy eso... ¿una chica de 14 años que queda embarazada y no quiere continuar con el embarazo? Porque estamos acostumbrados a trasmitir el drama físico, las muertes y las secuelas físicas pero ¿y el drama vivencial y las secuelas sociales y las secuelas sicológicas y morales con las que puede quedar? Entonces también se podría argumentar el tema del aborto por enfermedad de la madre y no referirlo solo a lo físico, puede ser un problema de orden psicológico que puede abarcar incluso el hecho de llevar un feto malformado en su vientre.
Hipocresías y miedos
Así que hay mucha cosa que me parece que con la legislación actual -si es que no vamos a progresar con una nueva- habría que reglamentar o ver cómo hacerlas funcionar, porque no funcionan. Todo esto hay que hacerlo, además, para que el juez esté obligado a eximir de pena o a atenuar o llegar al perdón judicial y que el aborto sea hecho por médico y antes de los tres meses de gestación. Pero el médico no se anima y nadie le dice que se lo va hacer y empiezan a buscar quién se lo puede hacer y buscan la clandestinidad y alguien que no sea médico, etcétera. Y si tiene penuria económica, además ¿cómo va a hacer para pagar, para hacerse el aborto en buenas condiciones? No puede y encima entonces no recibe posibilidad de ser eximida de castigo, simplemente porque no fue hecho como la ley prevé para que pueda si quiera pensarse en el perdón judicial.
Entonces creo que hay una deuda desde la propia institucionalización de por lo menos dejar de ser tan hipócritas, de no hacer funcionar la ley que ya está, porque podría funcionar mejor. Y mientras tanto sin que se dé todo este tipo de discusión, la legislación vigente abre algunos caminos para no seguir con tanta hipocresía, porque, por ejemplo, la hipocresía abarca hasta llegar a diagnósticos prenatales perfectos en clínicas ultra modernas con una tecnología avanzada, de llegar a los cromosomas, etc., etc., saber qué malformación puede tener y después le dicen al genetista ¿y, doctor ahora qué hago? Y ahí este le contesta, ¡ahora se las arregla sola, como pueda, el aborto eugenésico no está comprendido en el terapéutico!. Porque, además, está muy arraigado el concepto de que el aborto terapéutico es sólo por enfermedad materna y eso es interpretativo, tendrá su peso, tendrá su fundamento, pero no es cien por cien así: he leído algunos juristas que interpretan el cien por ciento así. La hipocresía llega hasta la habilitación de determinadas clínicas muy buenas y después que se arreglen solos cuando de antemano se sabe que según el diagnóstico la pareja querrá la interrupción de la gestación, por ejemplo.
Yo dejaría un poco por acá, no entraría a los expedientes forenses, a las muertes, a las secuelas porque estoy de acuerdo - eso me hizo acordar un poco el tema de la droga - que están tan medicalizados los efectos que da esto y lo otro y no estoy de acuerdo en que haya que medicalizar tantos temas, es más una cuestión social o moral o como quiera llamársele, pero no es estrictamente una cuestión de salud o médica, aunque por supuesto que el bien vida y el bien salud están comprometidos muchas veces; podría contar una serie de casos desde el ámbito de la medicina forense, o desde las paredes de la morgue judicial por ejemplo, horribles ¿no? No hace falta.
Me gusta por último pasar el mensaje del énfasis que hemos hecho con la declaración de Facultad de Medicina, Sindicato Médico del Uruguay y Federación Médica del Interior en reivindicar la confidencialidad y el secreto médico, me parece que eso es un valor importantísimo y que el secreto médico está por encima de toda posibilidad de sentirse presionado a denunciar, el secreto profesional se puede mantener siempre, ahí sí que hay una serie de argumentaciones éticas e incluso legales muy importantes. Nada más por ahora.
El Dr. Guido Berro es Catedrático de Medicina de la Universidad de la República (grado 5) y Profesor de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad de la Empresa