El involucramiento de las mujeres africanas
en las Naciones Unidas
Entrevista a la Dra. Jacinta Muteshi, de la Comisión Nacional para Género y Desarrollo, de Kenia - 6 de Julio de 2006
AWID: ¿Cuál es el impacto real que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y sus procesos han tenido en las mujeres en África?
Jacinta Muteshi: El Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM) ha proveído recursos para una buena parte de nuestro trabajo. No me refiero sólo a recursos financieros sino también a asistencia técnica y desarrollo de capacidades. Necesitamos que continúe el trabajo de UNIFEM, de la División para el Adelanto de la Mujer (DAW) y otras estructuras. Sin embargo, esas instancias deberían ser fortalecidas, además de elevar sus perfiles e incrementar sus recursos.
Cuando la ONU organizó su primera Conferencia Mundial sobre la Mujer, realizada en México en 1975, puso en marcha un proceso al reunir, por primera vez, a mujeres de todas partes del mundo. El proceso fue continuado en reuniones posteriores llevadas a cabo en Copenhague, Nairobi y Beijing en 1980, 1985 y 1995, respectivamente. Lo que este proceso hizo fue recordarles a los gobiernos sus obligaciones hacia las mujeres.
La Conferencia de Nairobi, que fue la primera reunión global en África, posibilitó que mujeres del Hemisferio Sur imprimieran sus voces en la agenda mundial. Por primera vez, las africanas pudimos decir: 'Podemos y debemos hablar sobre los asuntos internacionales' y fuimos capaces de mostrar cómo éstos nos han afectado.
La ONU ha facilitado tratados internacionales, como la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), que han sido muy importantes para nosotras. La CEDAW estableció algunos compromisos por los cuales las mujeres podíamos responsabilizar a nuestros gobiernos, nos brindó un recurso legal y un marco que nos permitiría decirles a nuestros gobiernos: 'Así es como tendría que ser la justicia de género'. Los países desean ser parte de una comunidad internacional de naciones; por lo tanto, quieren que se vea que están cumpliendo sus compromisos conforme a los tratados que suscriben.
El reto es que el compromiso con la igualdad de las mujeres no es uno compartido. La influencia patriarcal es todavía muy fuerte y, aun cuando los gobiernos son conscientes de sus obligaciones hacia las mujeres, no existe una genuina voluntad política de cumplirlas.
AWID: ¿Cuán accesibles son las agencias y los procesos de la ONU para las mujeres en el terreno en África? ¿Se involucran las organizaciones de mujeres efectivamente con la ONU?
JM: A la mayoría de ONG de mujeres en África les resulta muy difícil prestar servicios y satisfacer las necesidades prácticas de las mujeres.
Brindan servicios básicos que son cuestión de vida o muerte para la población femenina: alimentos, programas contra la violencia, ayuda legal, procesos de toma de conciencia sobre el VIH y el SIDA, etc. Están atendiendo necesidades que ordinariamente deberían ser satisfechas por los gobiernos, pero éstos no cuentan con suficientes recursos para brindar los servicios. Las políticas de ajuste estructural (PAE), la liberalización y otras políticas económicas que fueron impuestas a los gobiernos en el Hemisferio Sur nos arrebataron gran parte de recursos necesarios que solían ser proveídos por el gobierno.
Debido a que son primordialmente las ONG de mujeres las que cada día brindan servicios a la población femenina, muy pocas están enfocándose en las necesidades estratégicas de las mujeres, tales como el involucramiento con la ONU y los procesos de ésta, para maximizar las oportunidades que dicha participación ofrecería. No están haciendo mucho trabajo estratégico porque sus recursos en cuanto a personal, fondos y tiempo están estirados al máximo. Sin embargo, las organizaciones de mujeres sí se involucran comúnmente con las agencias de la ONU al acercarse a éstas para solicitar recursos. Las ONG basadas en áreas urbanas tienen un mayor acceso en lo referido a conocimiento de la disponibilidad de UNIFEM y otras agencias.
También lo tienen en términos de ubicación; por ejemplo, a una organización en Nairobi le resultaría logísticamente más fácil tener acceso a UNIFEM que a una localizada en un área remota de Kenia. Por otro lado, la mayoría de ONG de base urbana en el país tiene alcance en áreas rurales y, por lo tanto, los recursos llegan a mujeres de esas zonas y se disemina el conocimiento de la CEDAW y la Plataforma de Acción de Beijing (PAB), etc.
Procesos como la CEDAW y la PAB se han convertido en las lentes a través de las cuales se examinan otras políticas y prácticas de desarrollo emergentes.
Por ejemplo, las organizaciones de mujeres han analizado los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) por medio de estas lentes. Todos los nuevos procesos pueden ser fortalecidos al examinarlos contra el telón de fondo de las normas de la CEDAW y la PAB. Llevamos a cabo una investigación que reveló que el trabajo de la mayoría de las organizaciones de mujeres en Kenia parece reflejar intuitivamente la PAB. Los estándares de este instrumento orientan su trabajo.
AWID: ¿Significa esto que las organizaciones son en su mayoría conscientes de la CEDAW y la PAB, o de qué manera se reflejan esas normas en su trabajo?
JM: Existen algunos procesos que conscientemente transmiten el conocimiento sobre estos instrumentos. UNIFEM y otras organizaciones han realizado mucho trabajo en torno a ello. Además hemos desarrollado una política nacional sobre género y desarrollo que fue enmarcada dentro de esos procesos. Por lo tanto, algunos procesos sí utilizan conscientemente la CEDAW y la PAB como marcos de referencia.
Sin embargo, los instrumentos también tienen una influencia indirecta en el trabajo referido a la igualdad de género. Muchas de las personas que participan en los procesos que han conducido a la CEDAW y la PAB han moldeado el trabajo de sus organizaciones en torno a una comprensión compartida de la justicia de género y la igualdad de las mujeres. Esta comprensión compartida ha surgido de conversaciones globales que llevaron a que los estándares internacionales fueran aprobados. De modo que, si bien el trabajo de una organización puede no basarse conscientemente en la CEDAW o la PAB, será influenciado por los ideales de estos instrumentos.
AWID: ¿Qué tipo de reformas a la ONU querrían ver las mujeres en África?
JM: Los tratados internacionales son negociados, por lo que la pregunta crucial es: ¿Quién participa en las negociaciones que se llevan a cabo? Las mujeres debemos ser una parte integral de todos los procesos, no sólo de aquéllos que primordialmente abordan los derechos de las mujeres sino también de otros, como los referidos al comercio. Existen numerosos procesos de los cuales las mujeres han sido excluidas. Ellas han estado presentes en algunos, entre ellos el de la CEDAW, pero esos procesos se debilitan cuando los gobiernos expresan reservas, no se comprometen con las obligaciones estipuladas en los tratados o intentan retractarse de sus promesas, como hemos visto en el pasado. Las activistas por los derechos de las mujeres debemos constantemente invertir mucha energía para resguardar los logros alcanzados.
Es necesario que aseguremos que las mujeres del Hemisferio Sur tengan una voz más fuerte en la ONU. Dado que los países envían representantes a negociar en nombre de nosotras en los procesos de la ONU, esto significa asegurar que nuestros gobiernos pongan en práctica las acciones afirmativas en los cargos por nombramiento.
No hay suficientes mujeres en puestos de toma de decisiones en la ONU y esta subrepresentación femenina en el liderazgo implica que la ONU continuará teniendo problemas para cumplir su mandato. Con el paso de los años, cada vez más mujeres han ascendido dentro de esa organización, pero no son suficientes para tener un verdadero impacto. Durante mucho tiempo, la ONU ha establecido políticas y prácticas orientadas a transversalizar la perspectiva de género, pero éstas no están generando un cambio real.
Necesitamos más mujeres en cargos de alto nivel. Esto requeriría de voluntad política desde el más alto nivel en la ONU. Ha habido clamores por una Secretaria General y esta exhortativa se deriva no sólo de que ya es hora que haya una mujer en ese puesto, sino también de la convicción de que una mujer podría responder de manera diferente a los desafíos de la transversalización de la perspectiva de género y cumplir mejor la promesa de la igualdad de las mujeres.
Las mujeres vemos la ONU como un cuerpo que tiene el poder de influir sustancialmente en el logro de la igualdad de género. Necesitamos ver un renovado compromiso para hacer de la ONU una organización efectiva que ocupe un lugar de respeto en el mundo.
English version
Fuente: Resource Net Friday File
Edición No. 277
Viernes, 2 de junio de 2006
Traducción: Laura Asturias
El género en las cumbres mundiales
Fuente: Choike
Desde antes de la Carta de las Naciones Unidas aprobada en 1945, ya en la Liga de las Naciones las mujeres pelearon y participaron para incorporar reivindicaciones contra la discriminación, para promover el avance legal y social de las mujeres. El proceso de revisión Beijing +10 ha generado un debate centrado en cuáles son las estrategias adecuadas para mantener las conquistas logradas.