El Club de París a los 50: pequeña consideración acerca del programa y las costumbres
Fuente: Eurodad
Jürgen Kaiser

En 1956, Argentina se vio incapaz de responder a las obligaciones financieras que tenía con los gobiernos de los cuales había recibido créditos comerciales y otras formas de apoyo financiero. En ese momento, las naciones acreedoras decidieron que les era útil erigir un frente común en las negociaciones con los deudores infractores, y el ministerio francés de economía se ofreció a acoger una ronda de negociaciones entre ambas partes. El futuro Club de París había nacido. Desde 1974, el ministerio francés de economía ha asumido formalmente la función de secretaría.

Desde entonces, lo que en origen eran mecanismos ad hoc se han solidificado hasta convertirse en un rígido marco de negociaciones del que depende cada nación deudora del Sur incapaz de cumplir con sus obligaciones financieras con los gobiernos acreedores del Norte (en pleno). Entre 1956 y hoy, el Club de París, o grupos ad hoc de acreedores del Club de París, han llegado a 401 acuerdos (negociaciones de reprogramación) relativos a 83 países deudores. Desde 1983, la deuda total cubierta en estos acuerdos asciende a 504 billones de dólares. Tras cada uno de estos acuerdos, la delegación del país deudor viaja a las diferentes capitales acreedoras para convertir lo que técnicamente eran los acuerdos no vinculantes de París en contratos vinculantes internacionalmente.

Las negociaciones tienen lugar normalmente una vez al mes (nunca en febrero ni agosto). Puede haber una, varias o ninguna negociación durante la semana de sesión, pero siempre se reserva un día para que las delegaciones acreedoras ofrezcan una visión de conjunto y discutan cuestiones fundamentales, lo que llaman “Tour d’horizon”; aquí se sopesan candidatos potenciales para la reprogramación de la deuda y se llega a acuerdos provisionales a tener en consideración en futuras rondas de negociaciones.

Cuando se trata de “clientes” complicados, se puede “destinar” más de un día a las negociaciones, que en estos casos continúan hasta bien entrada la noche (algunas veces durante muchas noches seguidas...). De hecho, a menudo los acuerdos solo se firman muy tarde, incluso a altas horas de la madrugada.

Los participantes en las negociaciones son los 19 miembros permanentes del Club de París (los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, la OCDE, más Rusia), y pueden incluirse otros países si son acreedores del país en cuestión. Como regla general, todos los ministerios implicados están representados en las delegaciones acreedoras. La mayoría de las veces es el Ministerio de Economía o Finanzas el que lidera la delegación (en el caso de EE.UU. e Italia es del de Asuntos Exteriores), con la presencia de todas las agencias de créditos a la exportación (ACE) oficiales. Las delegaciones de los países deudores suelen estar lideradas por el ministro de economía, por el presidente del banco central, o por ambos.

Los acreedores no solamente controlan el proceso en sí, sino que crean el marco en el que hallar una solución para cada país. Desde el principio de la crisis de la deuda, a principios de los ochenta, hasta el final de esa década, el principio dominante que fundamentaba la posición del Club de París establecía que ningún país era insolvente, sino que como mucho tenía problemas temporales de liquidez; de acuerdo con esto, el concepto de “condonación de la deuda” se consideraba tabú en esta época. Las negociaciones se referían a la reprogramación de las deudas, es decir, a la prórroga de los plazos de devolución en combinación con la introducción de un interés punitorio. Solo en 1988 – una vez que los acreedores privados, presionados por el impago de sus deudores del Sur, empezaron efectivamente a reducir sus reclamaciones – empezaron los acreedores soberanos a realizar condonaciones parciales. En las cumbres del G7 en Toronto en 1989, Londres en 1991, Nápoles en 1994, Lión en 1996 y Colonia en 1999, se creyó, o se amplió, la posibilidad de cancelaciones parciales por parte del Club de París. En Evian, en 2003, el G7 decidió adoptar la posibilidad de tratamientos “ad hoc”, adaptados para que reflejasen el punto de vista de los deudores mediante sus propios análisis de “sostenibilidad”.

Sin embargo, la cuestión clave es que ni uno solo de los países deudores, ni siquiera una institución internacional imparcial del sistema de la ONU, ha formado parte de los acuerdos marco para tales negociaciones. Las decisiones las tomó siempre el G7 en solitario (y fueron posteriormente aceptadas por los otros 12 acreedores), y los marcos se anunciaron convenientemente tras las respectivas conferencias. Y fueron correspondientemente inadecuados: a intervalos de dos años, se redujo el pago de la deuda en proporciones del 33%, 50%, 67%, 80% y, finalmente, del 90%, y posteriormente de redujo también el stock de deuda, lo que se anunció como la solución final a la crisis de la deuda. Siguiendo la iniciativa de la deuda de Colonia, ahora hemos alcanzado un punto que, en 1992, en boca de representantes de ONGs, se consideró herético: “la condonación de la deuda es lo único que puede ser de ayuda”.

Inherente a la definición marco para la reestructuración y cancelación elaborada por los acreedores es el hecho de que ellos mismos establecen las condiciones bajo las que puede siquiera considerarse una visita a París. Normalmente, implica la participación en un programa del FMI, o como mínimo un Instrumento de Apoyo a la Política Económica, así como el cumplimiento completo del mismo, ya que en muchos casos los acuerdos prevén fases asociadas a revisiones periódicas. Este programa tiene que incluir la necesidad de reestructurar o de condonar una deuda, y de hecho requiere que las “garantías financieras” de los acreedores del Club de París sean aprobadas por el Consejo de Administración del FMI. El hecho es que el FMI está prácticamente gobernado por los mismos acreedores del Club de París, y que sus programas (sobretodo durante la fiebre del “ajuste estructural”) han contribuido de forma consistente al empeoramiento de la situación social y económica de los países deudores. La idea de que los acreedores que dominan el procedimiento puedan en parte ser responsables de la incapacidad de sus acreedores para pagar (por no hablar ya del subdesarrollo duradero) ha sido calificada siempre como absurda y extremista.

El Club no cuenta con estatutos: no tiene una política establecida escrita, por ejemplo sobre quiénes estarán efectivamente incluidos en las negociaciones. En lugar de eso, la secretaría decide a quiénes invitar a participar de entre los otros acreedores que no son miembros permanentes, mediante un proceso que ni siquiera resulta del todo claro para unos socios en la negociación tan significativos. Como resultado, para varios países que están considerablemente endeudados con países que no son miembros, las conclusiones a las que se llegan ofrecen de todo menos una solución exhaustiva. Al contrario, los miembros exigen regularmente que los no miembros otorguen el mismo tratamiento a las naciones deudoras (es decir, que reprogramen o reduzcan la deuda) bajo las mismas condiciones que las que ellos aplican – la llamada cláusula de comparabilidad de tratamiento. Si eso funciona, si los acreedores a los que no se les ha preguntado su opinión están o no preparados para aceptar semejantes condiciones, no es problema de los que se reúnen en París. Al contrario, con la provisión de igualdad de trato tienen un instrumento mediante el que pueden ejercer aún más presión ante su “incapacidad” para alcanzar acuerdos idénticos con los acreedores externos.

El hecho de que los acreedores se reserven el derecho a tomar todas las decisiones por sí mismos no implica en ningún caso que el deudor salga siempre perjudicado. Al contrario, hay ejemplos famosos en los que el Club ha pasado por alto sus propias pautas y ha sido generoso: porque encajaba con los cálculos políticos de al menos uno de los miembros más importantes. Así es como Polonia y Egipto lograron la condonación de aproximadamente el 50% de sus deudas con el Club de París en 1991, como respuesta explícita a las presiones de EE.UU. en reconocimiento por el cambio de Polonia hacia una economía de mercado y de la “buena conducta” de Egipto durante la guerra del Golfo. En diciembre de 2001, Pakistán obtuvo una remodelación de la deuda extremadamente favorable, consecuencia de su compromiso con la guerra contra el terror, y la condonación iraquí del 80% de finales de 2004 es sorprendentemente más “comprensiva” que el 60% obtenido por Nigeria en 2005. La restructuración de Indonesia, negociada por el mediador H.J. Abbs y erigida como modelo durante la campaña del Jubileo, es otro ejemplo de notoria desviación de las reglas por las que en ese momento se regía el Club (así como de las actuales). Menos espectaculares son, en contraste, aquellos casos en los que los acreedores han castigado a los deudores rebeldes ofreciéndoles menos de lo que el Club ofrecía normalmente, o incluso denegándoles la posibilidad de entablar negociaciones si así lo solicitaban.

Adaptación: Francesco Oddone
Traducción al español: Lorena Fernández-Quinones

Ver declaración de Eurodad a ser presentada el 14 de junio de 2006




compartir:   º
Imprimir imprimir   Enviar enviar   corregir 
OPINE AQUÍ >>


 
En profundidad
Desarrollo de temas específicos.
Tratados de libre comercio - TLC
Por medio de diversos mecanismos se han impuesto los procesos de privatización, globalización y desregulación de la economía.
Instituciones Financieras Internacionales
Blancos de fuertes críticas por el impacto social de sus políticas, las IFIs se ven enfrentadas a la necesidad de realizar profundas reformas.
Deuda externa
La deuda externa es uno de los principales obstáculos para el desarrollo.
Organización Mundial del Comercio - OMC
¿El comercio al servicio de la gente, o viceversa? Para el movimiento antiglobalización, la OMC hace la diferencia.
ONG
Sitios web de las ONG
Bretton Woods Project
Proporciona información y monitoreo sobre el Banco Mundial y la Fondo Monetario Internacional.
Rede Brasil
La Rede Brasil sobre Instituciones Financieras Multilaterales está compuesta por 64 organizaciones sin fines de lucro. Su objetivo general es ser articuladora de la sociedad civil brasileña, a través de sus respresentaciones, para actuar como sujetos en la elaboración y ejecución de políticas públicas, garantizando los intereses de la sociedad frente a las IFIs. (sitio en portugués)

Choike es una iniciativa del Instituto del Tercer Mundo con el apoyo de Hivos
www.choike.org | Contacto | Teléfono / Fax: +598 (2) 412-4224 | Dr. Juan Paullier 977, Montevideo URUGUAY