Al reducir el agua a un “bien económico” y luego categorizar la economía del agua como una “economía de mercado”, se torna inevitable la privatización y mercantilización del agua. La OMC y diversas otras negociaciones de tratados de comercio e inversiones ofician como instrumentos de las empresas para promover sus intereses y abrir nuevos mercados. Al ignorar los límites ecológicos e hidrológicos de la disponibilidad de agua, y al permitir que el acceso y la distribución del agua sea dirigido por mercados insaciables, la crisis mundial del agua seguramente se profundizará y el acceso al agua será aún más desigual.
Agua: ¿derecho humano o mercancía para el comercio?
Ronnie Hall - Amigos de la Tierra Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte
“Necesitamos construir la democracia del agua, no los mercados del agua. Necesitamos defender los derechos de las comunidades, no de las empresas. Necesitamos conservar el agua, no consumirla dispendiosamente o destruirla”. vandana Shiva
A veces es fácil olvidar que el agua -un recurso aparentemente abundante para quienes lo obtienen a través de un grifo- es escasa en muchas regiones del planeta. El agua es esencial para la vida en todas sus formas: sin agua, la muerte sobreviene en tan solo unos pocos días. Sin lluvia o agua de riego, los cultivos se pierden y la biodiversidad mengua. Sin agua potable y saneamiento, males y enfermedades se esparcen rápidamente.
La importancia del agua ha sido reconocida por los gobiernos una y otra vez, y una de las metas de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, de las Naciones Unidas, es reducir a la mitad la proporción de personas sin acceso sustentable al agua potable y segura y al saneamiento básico para el año 2015. Sin embargo, las tendencias actuales indican que tenemos pocas chances de cumplir este objetivo, mucho menos de garantizar agua segura para todos, salvo que cambiemos radicalmente los enfoques vigentes con respecto al uso y manejo del agua, y en manos de quién reposa la soberanía sobre el agua.
Cinco años después de haber convenido los Objetivos de Desarrollo del Milenio,18 millones de personas siguen muriendo cada año debido a la falta de higiene, saneamiento y un suministro de agua digno. Otros mil millones de personas -una de cada seis personas del planeta- carecen de acceso a fuentes de agua potable segura, y 2.400 millones todavía no tienen gabinetes higiénicos u otras formas de saneamiento mejorado.
A medida que los manantiales, lagos e incluso mares se secan, el planeta pierde los ecosistemas de agua dulce y los humedales que son fundamentales para la diversidad biológica y que ayudan a controlar la erosión y a almacenar el exceso de agua. Además, la agricultura orientada a la exportación requiere cantidades crecientes de agua de riego, provocando erosión y creciente salinidad del suelo que finalmente lo torna inadecuado para la agricultura. En todo el mundo, los desechos químicos y humanos se filtran cada vez más hasta las fuentes de agua subterránea previamente limpias.
El agua como un bien económico
Sin embargo, la escasez de agua en algunas regiones del mundo también la está convirtiendo en una mercancía inmensamente deseable, y las empresas de agua han logrado persuadir a la mayoría de los gobiernos a adoptar un enfoque preponderantemente comercial. En 1992, uno de los cuatro principios rectores acordados en la Declaración de Dublín sobre Agua y Desarrollo Sustentable fue: “El agua tiene un valor económico en todos sus diversos usos a los que se destina y debería reconocérsele como un bien económico”.
Al reducir el agua a un “bien económico” y luego categorizar la economía del agua como una “economía de mercado”, este enfoque torna inevitable la privatización y mercantilización del agua. Al ignorar los límites ecológicos e hidrológicos de la disponibilidad de agua, y al permitir que el acceso y la distribución del agua sea dirigido por mercados insaciables, la crisis mundial del agua seguramente se profundizará y el acceso al agua será aún más desigual.
Ni una gota para beber
Más del 70% del agua del mundo se utiliza ahora para el riego de cultivos, y el 60% de esa cantidad se desperdicia. Con frecuencia, esos cultivos están destinados a la exportación para consumidores ricos, y no para el consumo local. En el valle del río San Francisco, en Brasil, por ejemplo, los recursos hídricos se utilizan principalmente para irrigar las plantaciones de fruta y caña de azúcar para la exportación. Otro 22% del agua mundial es utilizada por la industria, y tan solo queda un 8% para consumo humano.
Algunos gobiernos se han aliado con el sector privado para resolver esos problemas a través de “asociaciones públicoprivadas”. Sostienen que atrayendo inversiones privadas y capacitación, pueden mejorar la situación sin gastar fondos públicos o amenazar el crecimiento de la economía nacional. Las empresas están contentas con este enfoque: en la década de 1990, las compañías de agua se expandieron, fusionaron y diversificaron hasta figurar entre las empresas transnacionales mayores y más poderosas del mundo. Suez, RWE y Veolia Environment están entre las mayores, junto con compañías de refrescos como Nestlé, PepsiCo, Coca-Cola y Danone, que ahora dominan el mercado del agua potable, un mercado en rápido crecimiento y muy rentable.
La OMC y diversas otras negociaciones de tratados de comercio e inversiones ofician como instrumentos de estas empresas para promover sus intereses y abrir nuevos mercados. Los gobiernos, dirigidos por la Unión Europea, intentan utilizar esas negociaciones para forzar la apertura y apoderarse de nuevos mercados de captación y distribución de agua para beneficio de sus empresas transnacionales. No obstante, hay numerosas pruebas que indican que este enfoque no funciona. En un informe de 2005, el Transnational Institute (TNI) y el Corporate Europe Observatory (CEO) concluyeron que: “Casi sin excepción, las empresas mundiales del agua no cumplieron las mejoras prometidas y, en cambio, aumentaron las tarifas del agua muy por encima de las posibilidades de los hogares pobres”. Las empresas necesitan generar ganancias, lo que significa que la gente pobre que antes tal vez tenía acceso al agua de manera gratuita o con tarifas muy bajas, ahora debe pagar. El principio del “acceso universal” también se está abandonando. Cuando el agua como bien común quede cercada en manos privadas, los pobres y los marginados quedarán aún más excluidos.
Flujos de agua insanos
Cada vez se exporta más agua cruzando fronteras nacionales. Canadá, por ejemplo, exporta agua a Estados Unidos, a pesar de la alarma creciente por los impactos ambientales que esto generará en los Grandes Lagos. De manera similar, el proyecto de inversiones en infraestructura del Plan Puebla Panamá aumentará el acceso a los recursos de agua dulce y a nuevos mercados de los países de América Central. Empresas tales como la American Beverage Company (también conocida como AmBev, la quinta empresa cervecera más grande del mundo y la principal empresa de cerveza del Brasil) son las principales beneficiarias. De manera similar, la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA) podría permitir el acceso de empresas extranjeras embotelladoras de agua a las aguas subterráneas del Acuífero Guaraní en Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Esta sustracción potencial de recursos de agua dulce podría reducir finalmente la disponibilidad local de agua potable.
Es urgente que se reconozcan y reviertan los impactos de la liberalización del comercio en el agua. El acceso al agua debería ser plenamente reconocido como un derecho humano, como lo sugirió el Comité de la ONU sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales en noviembre de 2002. El agua debería ser excluida de las negociaciones de liberalización del comercio y los gobiernos deberían seguir teniendo la libertad de administrar el agua y abastecerla como un servicio público. La administración pública del agua debería incluir sistemas gestionados por la comunidad así como empresas públicas que satisfagan las necesidades locales en cuanto al abastecimiento municipal del agua y el riego para una producción alimentaria sustentable. Es necesario frenar las exportaciones de agua para usos industriales y agrícolas dispendiosos y un consumo innecesario, permitiendo así que los recursos hídricos se utilicen para abastecer agua potable para consumo humano y saneamiento, desarrollar economías locales justas y sustentables, y conservar ecosistemas vitales.
Penurias con el agua en togo
Kokou Elorm Amegadze - Amigos de la Tierra Togo
El pueblo de Togo, especialmente quienes viven en el interior del país, tienen una serie de problemas relacionados con el agua. En algunos casos hay grave escasaz de agua, mientras que en otras regiones el agua es abundante pero está mal administrada y muy contaminada.
Hasta el 2003, la producción, abastecimiento y purificacióndel agua en Togo fue asumida exclusivamente por La Régie Nationale des Eaux du Togo. Pero en 2004, la administración del abastecimiento de agua del país fue transferida a la Société Togolaise des Eaux, ya no más un monopolio estatal con derechos exclusivos sobre el agua potable y el tratamiento de aguas residuales, sino una compañía más comercial y orientada a los resultados.
Esto provocó que la gente tuviera que pagar por el agua bombeada, que anteriormente era gratuita. Hasta la fecha, la privatización no parece haber aumentado la cantidad de consumidores urbanos que tienen acceso al agua y al saneamiento. Además, convertir el agua en un bien económico torna cada vez menos probable que se mejore el abastecimiento a los sectores rurales pobres y no lucrativos.
El pueblo de Togo necesita urgentemente mejorar el abastecimiento de agua y el saneamiento, pero la privatización y la posible liberalización de los servicios no parecen ofrecer soluciones viables. Amigos de la Tierra Togo está centrando sus esfuerzos en enfoques y soluciones alternativos, entre ellos educación pública acerca de la gestión del agua, y la construcción de fuentes públicas gratuitas.
Soluciones para el problema del agua en la aldea de Kovié Sévého
Los habitantes de la aldea de Kovié Sévého, a unos 30 kilómetros de Lomé, tienen que bregar siempre para recoger agua. Si bien la mayoría de los hogares tienen sus propios tanques de agua, los techos y canaletas oxidados significan que la cantidad y calidad del agua recogida durante la época de lluvias es muy mala. Algunas cisternas están colocadas en el piso para recoger el agua de la superficie, pero está muy contaminada. En la estación seca, los aldeanos tienen que recurrir a las aguas del río Zio, a unos diez kilómetros de distancia.
La gente de Kovié Sévého sufre crecientes grados de enfermedad y deshidratación. No hay agua suficiente para bañarse y lavar la ropa. Las mujeres y los niños, que son los principales responsables de recoger agua del río, a menudo están muy cansados. Hay frecuentes reyertas en torno a los puntos donde se recoge el agua.
Sin embargo, los aldeanos han realizado esfuerzos para resolver sus problemas. Quienes pueden costear el mantenimiento de sus techos, venden su agua “potable” a precios módicos. Además, en los alrededores se construyó una depresión pantanosa para retener agua adicional.
El poder de las transnacionales en América Latina
Paola Visca - Tercer Mundo Económico
Varias de las empresas transnacionales más grandes que operan actualmente en América Latina se dedican a extraer y vender los recursos naturales de la región. Un relevamiento reciente de las 500 compañías más grandes activas en la región, llevado a cabo por la revista América Economía, demostró que más de la mitad de las 20 compañías más rentables se dedica a la exportación de recursos naturales, siendo los hidrocarburos el rubro principal. Cinco de las primeras 20 compañías son petroleras -Petrobras, Repsol/YPF, Esso Texaco y Royal Dutch/Shell- y las compañías dedicadas a la comercialización de hidrocarburos registraron ventas por más de US$ 250.000 millones. Otros sectores clave relacionados con recursos naturales son los de aluminio, cemento, alimentación y productos forestales.
El agua en manos de la gente en uruguay
Sebastián Valdomir y Alberto Villarreal - Redes - Amigos de la Tierra Uruguay
El 31 de octubre de 2004, más del 64% de la población uruguaya votó para instaurar el agua como un derecho humano fundamental, para conservar el abastecimiento público del agua y el saneamiento, y para asegurar una gestión del agua sustentable y participativa. En otras palabras, votaron para asegurar que sus servicios de agua estén administrados por la gente y para la gente.
Unidos para defender el agua y la vida
Se trató de un rechazo mayoritario a la privatización del agua que quería imponérsele al Uruguay a través del FMI y el Banco Mundial y las propuestas de liberalización de los servicios de agua en la OMC y el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA). REDES-Amigos de la Tierra Uruguay, el sindicato de la empresa pública abastecedora de agua, organizaciones comunitarias locales y otros actores, trabajaron en la Comisión en Defensa del Agua y la Vida para lograr esta victoria.
El gobierno uruguayo había otorgado concesiones a empresas de agua privadas, entre ellas filiales de Suez (Aguas de la Costa) y Aguas de Bilbao (Uragua), como forma de ayudar a satisfacer las necesidades de saneamiento del país. Sin embargo, las compañías nunca cumplieron sus compromisos contractuales de saneamiento; la calidad del servicio que brindaron fue mala, y sus tarifas de agua y saneamiento eran muy elevadas.
Cuando fueron rechazadas por el pueblo uruguayo, las empresas recurrieron a tratados internacionales para obligar al nuevo gobierno -que había apoyado el voto del agua- a cambiar de senda. Suez y Aguas de Bilbao amenazaron con demandar al gobierno uruguayo por millones de dólares de indemnización, aduciendo que los resultados de la votación son violatorios de sus contratos, conforme a los tratados de protección mutua de las inversiones firmados con Francia y España. Enfrentado a la amenaza de tener que realizar pagos multimillonarios en dólares, y al mismo tiempo detentando el récord mundial de endeudamiento per cápita (como porcentaje del PIB), Uruguay quedó en una posición difícil. El gobierno inicialmente capituló, permitiendo que las empresas privatizadas continuasen funcionando hasta 2015.
La oposición pública finalmente logró que el gobierno adoptara una postura más enérgica y cancelara la concesión de Aguas de Bilbao debido a los reiterados incumplimientos del contrato. La empresa retiró la demanda planeada contra el gobierno y acordó dejar el país en octubre de 2005, si bien se le permitió retirar las garantías financieras que había depositado. En el caso de la filial de Suez, el gobierno tal vez termine comprando la empresa.
Si bien esas soluciones distan de ser ideales, demuestran el poder de la oposición colectiva. Los ecologistas, sindicalistas y organizaciones locales de la comunidad pueden expresar su oposición a través de plebiscitos y referéndum populares, y enfrentar el poder de las empresas ejerciendo la democracia directa. Este es un primer paso efectivo para desmantelar el poder de las empresas.
Este documento constituye un capítulo del informe de Amigos de la Tierra "La tiranía del libre comercio: riqueza natural despilfarrada y destrucción de los medios de sustento" que aborda los riesgos que representan las actuales negociaciones comerciales para los pueblos del mundo entero y su medio ambiente.