Alma Espino
10º Foro Internacional de AWID - Bangkok, Octubre de 2005
Bases presentadas por la Ec. Alma Espino para la discusión en el taller "América Latina: Un debate pendiente"
La perspectiva feminista acentúa la importancia en el análisis económico y en la formulación de políticas de la dimensión social e histórica de la economía y la importancia de la economía política y de la política económica; las relaciones de género (junto a las demás relaciones sociales) y el rol de las instituciones; amplía la cantidad de procesos económicos que están en juego cuando las sociedades producen, distribuyen, intercambian y consumen, porque integra en el análisis la consideración de la esfera del trabajo reproductivo (realizado en los hogares y en la comunidad). Este conjunto de dimensiones influyen y pueden ser determinantes en los procesos de generación de valor, distribución y acumulación; la eficacia de las políticas económicas (incluidas las comerciales) depende no sólo del crecimiento de producto, sino de a quién beneficia. Es necesario por tanto plantearse cuáles son las estrategias comerciales capaces de contribuir al desarrollo con equidad social y de género para el caso latinoamericano.
La inserción internacional de América Latina, sus características, su posible aporte al desarrollo, al abatimiento de la pobreza y a la reducción de desigualdad es un tema histórico, controversial, que ha reconocido diferentes posturas, argumentos e interpretaciones, tanto desde la academia como desde las elites políticas y económicas. Y sin duda, desde los organismos financieros internacionales. En la década de los 90, las políticas económicas predominantemente aplicadas fueron en buena medida inducidas por los organismos financieros multilaterales a partir del Consenso de Washington (1989): disciplina fiscal, reorientación del gasto público, reforma tributaria; liberalización financiera, tipos de cambio unificados y competitivos; privatización de las empresas públicas; la apertura comercial y financiera y la flexibilización del mercado de trabajo.
Las políticas de liberalización comercial y la expansión del comercio internacional adquirieron nueva importancia como determinante del crecimiento. De manera simultánea a la apertura unilateral, comenzaron a definirse compromisos regionales que implicaron el diseño y la ejecución de estrategias comunes entre socios comerciales, a través de procesos de integración regional económica y comercial (por ejemplo, Mercosur).
Durante algún tiempo, predominó el optimismo respecto a los resultados de estas políticas. Los organismos multilaterales predicaban sus beneficios y efectos positivos en el crecimiento. Sin embargo, no tardaron en surgir importantes críticas. La relación prevaleciente entre comercio y crecimiento económico mostró no ser obvia sino contingente, dependiendo del país y de sus características externas.
Los países latinoamericanos que adoptaron la tríada “estabilizarse, liberalizarse, y privatizarse” tuvieron un pobre comportamiento del crecimiento y de productividad en relación a otras regiones del mundo, incluso peor que el que habían mostrado en el período 1950-1980.
El experimento aperturista de los 90 en América Latina y algunos de sus resultados
Crecimiento:
- En los primeros siete años de la década de los 90, la economía regional mostró en promedio tasas relativamente elevadas, pero a fines del decenio, la situación se caracterizaba por la inestabilidad y la desaceleración del crecimiento en numerosos países. Los efectos de la crisis asiática pusieron de manifiesto la vulnerabilidad de la región ante los bruscos cambios de la economía internacional.
- La persistencia del estancamiento o el retroceso económico, llevó a plantear que en el período 1997-2002 la región había perdido otra media década (CEPAL 2004).
Apertura y comercio:
- La región es más abierta al comercio que en el pasado, pero lo es más en materia de importaciones que de exportaciones. La participación relativa en el comercio mundial de América Latina entre 1985 y 1998 creció 0.1%.
- Se podrá decir, que el fracaso deriva en parte de no haber logrado el soporte necesario para el desarrollo exportador; pero, a los efectos de enriquecer la discusión, vale la pena señalar que aun cuando el aumento de las exportaciones hubiera sido más satisfactorio, si bien éstas constituyen un importante aporte al desarrollo porque permiten aprovechar economías de escala, no son lo único relevante. Entre los países con éxito exportador, por ejemplo Corea, las exportaciones –muy significativas en su economía-, representan sólo algo más de 40% de su producto.
Estas tendencias en el comportamiento del comercio internacional se tradujeron en los conocidos problemas macroeconómicos, deterioro estructural de la interrelación entre crecimiento y balanza comercial. La globalización comercial y financiera, la reducción del papel del Estado en la economía y el “mejor comportamiento macroeconómico” no redundaron, tal como se auguraba, en altas tasas de crecimiento del producto. En el período 1990-2004, la tasa promedio anual de crecimiento del PIB fue alrededor de la mitad de la correspondiente al período 1950- 1980.
Brechas de desarrollo
- La persistente divergencia en términos de producto por habitante, entre la región y el mundo desarrollado –verificado desde inicios de la década de 1970 y con tendencia creciente en los últimos años-, da cuenta de la incapacidad de las economías para acompañar el crecimiento de la población. El producto por habitante expresado en términos reales, sigue siendo inferior al registrado a fines de los años noventa.
Desigualdad y pobreza
- Se acentúan las disparidades internas en la distribución del ingreso
- En 1980, 120 millones de personas (el 41% de la población) estaban en situación de pobreza y a fines de 1999 lo estaban cerca de 220 millones de personas (45% de la población) (CEPAL, 2001).
- En 2004, según estimaciones de CEPAL (2005), el 18,6% de la población total de América Latina, o sea 96 millones de personas, se encontraría en situación de pobreza extrema, en tanto que el número de pobres (incluidos esos 96 millones) se estima en 222 millones de personas, el 42,9% de la población regional.
Vulnerabilidad y fragilidad del modelo:
- Los resultados mencionados también son producto de las crisis financieras internas y externas que experimentaron varios países, con fuertes efectos reales, altos costos económicos y sociales y retracción del crecimiento (1994-1995, efecto (“tequila); los llamados efectos de “contagio” a partir de 1997 con la crisis asiática y la crisis rusa
- Pero estas combinaciones de políticas no son nuevas; en la década de los 70 en los países del Cono Sur se dio una conjunción similar entre condiciones locales y auge de los flujos de capital, y la dinámica macroeconómica mostró el mismo ciclo de auge, retracción y crisis, aunque la duración de las experiencias de la década de 1970 fue menor que la de los casos recientes.
No faltaba experiencia histórica, ni trabajo analítico, ni recomendaciones de política que sirvieran de antecedentes para examinar los procesos que se estaban desarrollando entonces en México y Argentina. Los experimentos del Cono Sur habían tenido lugar apenas una década atrás y habían sido profusamente analizados.
En definitiva: Ni crecimiento económico ni logro de los objetivos de desarrollo
Para que la expansión del comercio y al perfil de las políticas comerciales logren ser funcionales al desarrollo deberían contribuir, al menos: al crecimiento económico sostenible en el tiempo, es decir que permita reducir la volatilidad y la vulnerabilidad externa, y se traduzca en la expansión del producto por habitante (PBI per cápita); crecimiento con generación de empleo productivo y reducción de la proporción de empleos informales, precarios y del subempleo; crecimiento orientado a mejorar la capacidad de incorporar conocimientos y tecnología a la estructura productiva, tanto en los productos como en los procesos productivos; control de los impactos del comercio sobre el medio ambiente y la destrucción de los recursos naturales. Pero estos objetivos económicos del comercio deben compatibilizarse con otros de orden político. El diseño de las estrategias comerciales debe contemplar el estímulo a los factores que alienten la democratización de las sociedades, la defensa de su soberanía y la autodeterminación (Bittencourt, 2003).
La integración económica regional como visión alternativa
La integración económica regional puede ser una herramienta estratégica para superar obstáculos y generar nuevas oportunidades de progreso. Los argumentos en favor de los procesos de integración atienden a un conjunto de aspectos de carácter comercial económico y político: ampliación de los mercados, armonización de regímenes y políticas económicas y sociales, posibilidades de reforzar la capacidad de negociación internacional. Las nuevas tendencias en el comercio internacional, altamente eficiente y competitivo y caracterizado por un alto nivel tecnológico y de información, sumado al aumento de los instrumentos proteccionistas de los grandes bloques, dejan a América Latina enfrentada a responder un desafío donde los mecanismos de integración pueden ser en alguna medida, medios eficientes para lograr equilibrios internos y externos, y viabilizar argumentos sólidos y reales en los procesos de negociación que se avecinan.
La integración regional y la inserción en los mercados globales, se definen por consideraciones políticas que atañen a las relaciones de poder y espacios de interacción, a los cuales América Latina debe concurrir con iniciativas y estrategias claras para su creación. No obstante, también en este sentido las estrategias han oscilado sin tener objetivos claros; el compromiso a medias entre la integración y la unilateralidad no permitió en muchos casos avanzar hacia objetivos estratégicos regionales mientras se exacerbaron los problemas sociales pre-existentes (desigualdad, precariedad e informalidad laboral, desempleo).
¿Qué tiene que decir el feminismo?
Ante las promesas teóricas y la experiencia vivida, las feministas nos preguntamos: ¿Cómo juegan las relaciones de poder entre países, entre hombres y mujeres, entre clases y grupos sociales, en particular en América Latina? ¿Cuál podría ser el aporte de la perspectiva de género en las políticas y negociaciones comerciales? ¿De qué manera se relaciona con la democratización de la ciudadanía y la equidad?
Responder a estas preguntas supone el desafío de construir un análisis de los impactos del comercio internacional sobre la sociedad y la economía de nuestros países desde una perspectiva de género. No se trata de un desafío pequeño; ello supone la pretensión de encontrar relaciones en temas tales como el del bienestar de las mujeres -lo cual involucra relaciones sociales económicas y políticas tanto como culturales y éticas-, con algo que parece tan exógeno, global y relacionado con el mercado como el fenómeno de la liberalización comercial. ¿Es posible de manera convincente analizar los vínculos entre el comercio, el crecimiento y la pobreza y el desarrollo a través de los lentes de género?
La evidencia empírica y anecdótica recogida hasta el presente le da sentido a estas preguntas. La responsabilidad de las mujeres en la reproducción social da cuenta del papel crucial en el desarrollo, así como su creciente participación en la producción para el mercado y su mayor ingreso al ámbito de lo público, pone en evidencia su papel como agentes activas en la arena del desarrollo y el comercio.
El concepto de género incorporado en el análisis económico feminista ha colocado el énfasis en aspectos con frecuencia excluidos de los análisis convencionales: las actividades vinculadas a la esfera de la reproducción social como parte integrante y fundamental del funcionamiento de la economía, y las relaciones sociales y las relaciones de poder como un importante determinante del éxito de las políticas, no solamente en términos de eficiencia general sino de equidad social y de género.
Los fenómenos económicos y las decisiones de política afectan las normas de comportamiento de los individuos, producen resultados sociales y materiales, e influyen en la distribución de los costos y beneficios. Dicha distribución no se produce en un vacío de relaciones o en función de jugadores con las mismas “chances” de partida, ni entre países, ni al interior de cada uno de los países. Por ello, fenómenos económicos y decisiones impactan de modo diferente a hombres y mujeres, e ignorarlo atenta contra la eficiente utilización de los recursos disponibles y el logro de la justicia social y económica. El comercio internacional y las políticas que lo determinan suelen verse como un proceso técnico, neutral desde el punto de vista de clase o género.
Género y políticas comerciales
Un tema central desde el punto de vista feminista es si las reformas comerciales y los patrones emergentes del comercio perpetúan, acentúan o erosionan las desigualdades de género. Pero también se ha colocado una pregunta relevante respecto a la interacción entre economía y relaciones de género. Esto es, si dichas desigualdades tienen un rol en el comportamiento comercial, si existe una causalidad de ida y vuelta entre las desigualdades de género y el comercio.
Los avances en la investigación América Latina sobre los impactos del TLCAN han mostrado que por ejemplo, en los sectores que tienen un alto dinamismo exportador, como el de la fabricación de prendas de vestir, las mujeres pudieron recuperar puestos de trabajos perdidos en años previos, pero a costa de menores salarios. También se constata un desplazamiento del empleo femenino en el sector, debido a que muchos puestos de trabajo pasan a ser ocupados por hombres. Este proceso obedece, en parte, a la dinámica que imprimió el TLC para la industria textil y del vestido, y también a que en otros sectores de la economía no se crearon empleos suficientes. Las ocupaciones informales crecieron sustancialmente, y la cantidad de mujeres que trabajan en la informalidad es más elevada que la de hombres. Las ocupaciones femeninas en el sector textil se canalizan hacia micro-empresas (de menos de cinco trabajadores), donde no hay condiciones contractuales que cubran seguros y otros costos. Muchos de estos nuevos empleos constituyen un incremento en la ocupación, pero muchas veces en condiciones laborales precarias.
El efecto del TLC sobre el empleo rural implicó un incremento de las jornadas de trabajo, pero no mejoró las condiciones de vida de los trabajadores y trabajadoras agrícolas. Creció la proporción de mujeres jornaleras en los cultivos de exportación, con jornadas más largas, porque trabajan más tiempo a destajo y porque tienen que realizar el trabajo doméstico. En lo que se refiere a la industria maquiladora de exportación, el empleo femenino creció en términos absolutos, en particular aquel que se realiza fuera de la zona fronteriza, en unidades laborales más pequeñas y con menores remuneraciones. Este sector de crecimiento dinámico muestra un importante desplazamiento de la fuerza de trabajo femenina por la de los varones, que ha llevado a las mujeres a buscar otro tipo de empleos o a aceptar peores condiciones laborales y salariales para hacer frente a la competencia masculina.
Por su parte, diversas consecuencias de la aplicación de las políticas de liberalización comercial en el mercado laboral en los países del Cono Sur, no se corresponden con las predicciones para los países del sur global. En esos países, las exportaciones alcanzaron menor dinamismo que las importaciones y se apoyaron principalmente, en actividades intensivas en recursos naturales, con escaso valor agregado. Ambas tendencias dieron lugar a la destrucción de sectores productivos y de empresas, que condujeron a una importante pérdida de empleos. Si bien se expandieron ciertas actividades en los servicios, la creación de empleo en los mismos no logró compensar el aumento en las tasas de actividad femenina y las pérdidas en los sectores no competitivos. En términos de ingresos, todo ello condujo a la mayor inequidad social.
En síntesis
La perspectiva feminista acentúa la importancia en el análisis económico y en la formulación de políticas de la dimensión social e histórica de la economía y la importancia de la economía política y de la política económica; las relaciones de género (junto a las demás relaciones sociales) y el rol de las instituciones; amplía la cantidad de procesos económicos que están en juego cuando las sociedades producen, distribuyen, intercambian y consumen, porque integra en el análisis la consideración de la esfera del trabajo reproductivo (realizado en los hogares y en la comunidad). Este conjunto de dimensiones influyen y pueden ser determinantes en los procesos de generación de valor, distribución y acumulación; advierte que la eficacia de las políticas económicas (incluidas las comerciales) depende no sólo del crecimiento de producto, sino de a quién beneficia.
Es necesario por tanto plantearse cuáles son las estrategias comerciales capaces de contribuir al desarrollo con equidad social y de género para el caso latinoamericano. En qué medida una distribución más equitativa del ingreso y el combate a las causas de la pobreza están relacionados con la reducción/eliminación de las desigualdades de género. ¿Es posible mejorar la productividad y la competitividad global manteniendo las diferencias de género y la inequidad social que restringe el acceso y las oportunidades de educación y de empleo del conjunto de la población? ¿Es posible descartar al Estado y las políticas públicas así como a los mecanismos sociales que permitan viabilizar consensos entre los diferentes actores sociales? ¿Es posible mantener una institucionalidad que no reconoce el esfuerzo de las mujeres tanto en su rol reproductivo como en la producción y esperar un funcionamiento económico satisfactorio y mejoras en el bienestar general? ¿Es posible que la reproducción de la fuerza de trabajo siga recayendo en las mujeres? ¿Cómo asegurar la eficacia de las políticas sin considerar desde su formulación los obstáculos a la participación de los diferentes actores sociales en el proceso de toma decisiones económicas y políticas y en particular de las mujeres?
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La sesión "América Latina: Un debate pendiente", del 10º Foro Internacional de AWID, analizó el impacto de las decisiones macroeconómicas en América Latina desde una perspectiva feminista, teniendo en cuenta que afectan de manera diferente a los distintos géneros. ¿En qué medida y bajo qué condiciones puede la liberalización económica y financiera estimular el desarrollo? ¿En qué medida la flexibilización laboral, que se ha desarrollado en respuesta a los nuevos paradigmas, necesariamente genera inestabilidad en el empleo? ¿En qué medida la economía se relaciona con variables sociales, políticas, institucionales y culturales? Estas preguntas centradas en América Latina pueden enriquecer el debate de forma tal que podamos pensar las desigualdades en la región pero también a escala mundial.
Alejandra Scampini, Red de Educación Popular Entre Mujeres (REPEM)/DAWN, Uruguay
Alma Espino, Uruguay
Cecilia Lopez, REPEM, Colombia
Fanny Gomez, Colombia
Norma Sanchis, IGTN, Argentina
Rosalba Todaro, Chile
10º Foro Internacional de AWID - Bangkok, Octubre de 2005
Líderes y activistas por los derechos de las mujeres del mundo entero se reunirán en Bangkok, del 27 al 30 de Octubre, en ocasión del 10º Foro Internacional de AWID sobre los Derechos de las Mujeres y el Desarrollo, que es tanto una conferencia como un llamado a la acción. |
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