Nuevos escenarios del fundamentalismo, la intolerancia y los derechos sexuales
Fuente: Ciudadanía Sexual
Oscar Ugarteche y Jorge Bracamonte

Los vientos de la intolerancia están soplando. Al igual que en los años treinta la xenofobia, el racismo y la homofobia de Estado van acompañando una derechización de la política y un fortalecimiento del integrismo religioso. Estos son vientos que soplan en general en el globo y reflejan la inestabilidad e incertidumbre de la economía para proveer bienestar a todos o siquiera a la mayor parte de la población. Las leyes del mercado han puesto sobre el tapete la lógica del más fuerte y en ese marco hay una percepción social de que el futuro, en alguna forma, ha sido expropiado o arrebatado por los más poderosos, dejando a la población joven desesperanzada y a la población mayor desencantada por haber perdido lo que ganó con tanto esfuerzo.

Al mismo tiempo, la Iglesia Católica ha asumido una postura homofóbica dura, mientras las organizaciones religiosas de extrema derecha asumen mayor poder al interior del aparato eclesiástico. Es el caso del Opus Dei pero también del grupo fundado en el Perú Sodalitium, de Luminae Vitae y de los Catuquémenos. Finalmente está la postura del Partido Republicano de los Estados Unidos racistas y homofóbicos que han logrado anular los avances en derechos civiles del movimiento GLBTT de los Estados Unidos anulando en trece Estados los avances que existían ante la discriminación. Todos están a contracorriente de los avances logrados en derechos civiles en los últimos cincuenta años en Europa. La línea en común es el rechazo del otro y la urgencia de cerrar filas dentro de la identidad que tienen.

Estados Unidos se ha convertido en la capital del conservadurismo en el mundo y su instrumento es la revolución conservadora llamada “neoliberal”. Desde allí se irradia un pensamiento económico fatalista, porque “no hay alternativa”. Se trata de un pensamiento económico excluyente y concentrador del ingreso, donde la ley del más fuerte (que es la ley del mercado) gana siempre, y que expresa los valores más retrógrados vigentes en esta época de restauración neoconservadora, en palabras de Bourdieu. Es una revolución que ha sustituido un antivalor, el dinero, por un valor, la trascendencia. Esta revolución conservadora, dice él, apela al progreso, la razón y la ciencia para justificar la restauración y desplazar el pensamiento hacia el arcaísmo. La verdad se expresa en ecuaciones y la economía pura reemplaza la realidad. Es decir, se retrocedió a un nivel donde la razón de ser de la ciencia económica no es el bienestar de la población sino la ganancia pura. A toda costa. Sin gente, mejor.

De esta forma se dan de la mano dos formas de fundamentalismos, el económico “neoliberal” y el promovido por los sectores más conservadores de la iglesia católica, abriendo las puertas de un clima de creciente intolerancia y de conservadurismo político, cuyas consecuencias aún resultan insospechadas. Probablemente el hecho más revelador de este creciente clima ha sido la aparición del terror en el corazón del mundo desarrollado y occidental, expresado en los trágicos sucesos del 11 de septiembre del 2003, en Nueva York; los atentados ocurridos en las estaciones de Atocha, El Pozo y Santa Eugenia, en Madrid; y en el reciente acto terrorista perpetrado en el sistema de transporte público de Londres.

Mientras tanto, en nuestras sociedades en vías de desarrollo se va perdiendo todo lo conquistado en las luchas por la jornada de las ocho horas obtenidas en 1919. En el nombre de la flexibilización laboral se pierden derechos laborales, se amplía la jornada de trabajo y se desplazan los costos de la productividad empresarial sobre las espaldas de los más pobres. La desesperanza acecha en un momento en el que como nunca se produce mayor riqueza en el mundo.

Intolerancia, migraciones y los “nuevos bárbaros”

Las migraciones fuertes de las economías en desarrollo comenzaron en la década de los años 70 y estuvieron vinculadas a los problemas políticos que hubo tanto en América Latina como en África que llevó a desplazamientos significativos de Sudamérica y Centroamérica hacia Estados Unidos y desde África hacia Europa. En Europa la presencia musulmana es grande, y en algunos países como Francia es sustantiva, lo que ha sumado a los problemas de crecimiento demográfico europeo el temor de la “des-europeización” y “musulmanización” de Europa. La década de los años 80 se complicó por problemas económicos surgidos a partir de las alzas de las tasas de interés internacionales derivadas de los problemas de los Estados Unidos a fines de los años 70 e inicios de los 80. El resultado fue una década perdida, como se la conoce, y una mayor migración del sur al norte, ampliándose los puntos de llegada de Sudamérica hacia Europa y de África hacia Estados Unidos.

La década de los años 90 llegó con la esperanza de estabilización, y el resultado una década más tarde fue que la migración se amplió aun más y fue preciso construir un muro como la muralla china para defenderse de esa ”invasión” sentida, y mantener a los extranjeros afuera con métodos de control policial costosísimos. La resultante es que la migración se ha diversificado a otros países vecinos que están en mejor posición que los países más empobrecidos o afectados dentro de una región.

El imaginario que se ha ido desarrollando en Europa y Estados Unidos sobre las regiones sudamericanas y africanas es aquel de: “ahí vienen los bárbaros que nos invaden”. El muro de la vergüenza, construido de la costa del Pacífico a la costa del Golfo de México está hecho para separar a México país vecino y compañero del Tratado de Libre Comercio, e impedir que pase la gente, usualmente latinoamericana. El presupuesto Federal para mantener la vigilancia policial en este muro es de 5,500 millones de dólares al año, la mitad del presupuesto nacional peruano, y tiene como beneficio la captura y el retorno a México de casi un millón de personas que quedan atrapadas anualmente intentando pasar el muro. Adicionalmente hay soldados y mercenarios que cobran por cabeza atrapada, viva o muerta. Es decir, que cazan espaldas mojadas del mismo modo como el Rey Leopoldo de Bélgica cazaba negros en el Congo.

La muralla europea está basada en una legislación que impide el trabajo de no europeos, y funciona mejor, es decir, resulta más difícil ser un ilegal en Europa que en Estados Unidos. De todas maneras hay protecciones policiales en las zonas que separan África de Europa en la entrada del mediterráneo y en las zonas que son el paso de ferrocarril del Este al Oeste.

Las dificultades migratorias al Norte han llevado a que dentro de los espacios del Sur ocurran migraciones de los países con menos posibilidades a países percibidos con mejores posibilidades. Y entonces se observan los mismos problemas de racismo y xenofobia en el momento en que las castañas se queman. Las pintas contra peruanos en Chile, contra peruanos y bolivianos en Argentina, y claro dentro de Europa igualmente contra los Roma, son expresiones intraregionales en el mismo sentido. El otro no tiene que venir de lejos sino ser percibido “distinto”.

Las megaciudades del Norte han llegado a convertirse en espacios repartidos de lenguas, religiones y culturas de los pobladores migrantes, muchos de origen ilegal. La convivencia creciente de culturas y religiones diferentes a las cristianas ha dado pie a una expresión acuñada por Samuel Huntington: choque de civilizaciones. Actualmente el tema de las migraciones y la desesperanza económica en un marco de crisis sistémica ha llevado al resurgimiento de la intolerancia en varios sentidos. Ya no es sólo el racismo y xenofobia de quienes se sienten acechados por esos “nuevos bárbaros”, y cuyo temor se expresa con frecuencia en situaciones de violencia y criminalidad promovidas por grupos de jóvenes neofascistas, autodenominados skinheads.

Desde las comunidades de inmigrantes también se producen formas de resistencia violenta, incluso criminal. En Francia las comunidades musulmanas han reaccionado contra las disposiciones de las autoridades educativas que a fin de garantizar una formación pública y laica han prohibido el uso de emblemas o íconos de carácter religioso. Estos dispositivos han sido considerados por las comunidades musulmanas como atentatorios de sus prácticas religiosas y culturales. Del mismo modo se han producido situaciones de violencia que resultan bastante preocupantes. Hace muy poco, a fines del mes de abril, un grupo de jóvenes musulmanes agredió brutalmente al activista gay Chris Crain, director del Gay Magazín Washington Blade, y a su pareja, quienes se encontraban caminando de la mano por las calles de Ámsterdam. Después de estos hechos, las autoridades de la ciudad “más liberal del mundo occidental” recomendaron a la comunidad de gays y lesbianas no exponerse innecesariamente en espacios públicos frente a los posibles ataques de jóvenes inmigrantes. 1

Sin lugar a dudas, el factor étnico y las diferencias religiosas y culturales empiezan a desbordar la mítica estabilidad de las sociedades del norte desarrollado. La violencia con la que se reactiva el racismo, la xenofobia, y también la homofobia, va configurando un escenario de complejas tensiones que, más allá de las posibilidades de integración económica de las miles de personas que diariamente se desplazan del sur al norte, plantean por primera vez las contradicciones de las relaciones de poder y violencia colonial en el corazón mismo del mundo desarrollado.

Fundamentalismo, intolerancia y religión

La elección en abril del cardenal alemán Joseph Ratzinger como nuevo papa de la Iglesia Católica expresa la continuidad de la tendencia centralista y conservadora impuesta en el Vaticano durante el papado de Juan Pablo II. Como sabemos, el cardenal Joseph Ratzinger, ahora papa Benedicto XVI, dirigió la Congregación para la Doctrina de la Fe, órgano que sucede a la Santa Inquisición y se encarga de definir los principios de la religión católica. Desde esta posición Ratzinger no sólo persiguió y silenció a los sectores disidentes de la Iglesia Católica, especialmente a los vinculados a la Teología de la Liberación, sino que opuso el dogma de la fe a las necesidades de modernización de la iglesia en temas como el de la ordenación sacerdotal de las mujeres, el derecho al matrimonio de los sacerdotes, y los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y homosexuales. Ratzinger, de quién algunos medios refieren que participó en las filas de la juventud fascista alemana, fue la mano derecha de las políticas conservadoras impuestas en el Vaticano por Juan Pablo II.

Poco antes de ser ungido papa, el todavía cardenal declaro que la "La barca de la fe de muchos cristianos ha sido agitada..., llevada de un extremo al otro, del marxismo al liberalismo, hasta el libertinaje...”. Y que ahora, “tener una fe clara y de acuerdo con el credo eclesiástico se etiqueta a menudo como fundamentalismo...”. Con estos términos reivindica la importancia de la ortodoxia frente a cualquier forma de relativismo o modernización revisionista de la Iglesia. Argumento que explica además el por qué del afianzamiento en el poder de la jerarquía eclesiástica de los movimientos católicos de derecha, como el Opus Dei, por ejemplo.

En este sentido, la apropiación del aparato político de la iglesia católica por el Opus Dei en Roma, y la santificación de Escrivá de Balaguer, fundador de la Obra de Dios, es una expresión de esta ortodoxia conservadora. Escrivá era cercano al Dictador Generalísimo Francisco Franco y fue santificado al vapor en menos de treinta años de muerto y sin milagros que mostrar. La Obra estuvo cercana a las dictaduras de Argentina en los años 70, Chile en los 70 y 80, y a Fujimori en el Perú en la década del 90. Es decir, la Obra y su santo han estado vinculados a las dictaduras anticomunistas que han cometido atrocidades y que han sido protegidas por ellos. El discurso del Vaticano es anticomunista y homofóbico pero también ha escalado en su ofensiva civil al intervenir en España cuando se aprobó el cambio legal que no discrimina entre ciudadanos de modo que los homosexuales tienen todos los mismos derechos de los heterosexuales.

Con la reciente aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo en España la Iglesia y la derecha política volvieron a mostrar sus fauces. El Vaticano arremetió contra la recién aprobada ley afirmando que nadie tiene derecho a cambiar la esencia e identidad del matrimonio que por naturaleza superior corresponde exclusivamente a la unión heterosexual entre hombre y mujer. Y en su intento por impedir la aprobación final de la propuesta de ley, la Iglesia convocó a una gigantesca movilización bajo el lema: “La familia sí importa, por el derecho a una madre y a un padre, por la libertad", en la que se invirtieron ingentes cantidades de dinero a fin de trasladar a Madrid a la feligresía de toda España. A esta convocatoria realizada a través del Foro Español de la Familia, se plegó la Conferencia Episcopal, el derechista Partido Popular, y más de veinte prelados que encabezaron la movilización. Finalmente, ante los hechos consumados, la Iglesia ha convocado a todos los católicos que ocupan cargos públicos ejercer la “objeción de conciencia” con lo cual se pretende no celebrar los matrimonios de las personas del mismo sexo, poniendo en cuestión un principio fundamental de los estados modernos: su naturaleza laica.

En el Perú, el cardenal Juan Luis Cipriani, vinculado al Opus Dei, y el mismo que permanece silente ante los alarmantes hechos de corrupción e impunidad que se promueven desde las instancias gubernamentales, y el mismo que durante el período de violencia política declaro que los derechos humanos eran una "cojudez" (mientras desatendía a las victimas de las fuerzas perpetradoras en la región más castigada por la violencia política y donde él era obispo), se ha convertido en un vocero activo en contra de la aprobación de iniciativas de ley que promuevan la igualdad de derechos para las personas homosexuales. Al punto que al aprobarse la Ley de matrimonio en España convocó a la feligresía católica para “...desenmascarar esa campaña mundial de querer vender mercadería averiada..”, refiriéndose a las personas homosexuales. Negando así la condición humana de gays, lesbianas y personas trans. 2

Ciertamente el tema de los derechos humanos y de las igualdades que afecta a las libertades es central en el discurso intolerante de la Iglesia Católica y el Opus Dei que desde allí proponen convertir a la ley de Dios en la ley del hombre. Así, por ejemplo, desearían eliminar la ley de divorcio, existente país más país menos desde 1920. Han eliminado donde han podido las políticas de salud reproductiva y naturalmente las políticas de control y prevención del SIDA. El conservadurismo restaurador de la Iglesia de Roma es correlativo al de los movimientos de renovación evangélica e islámica, dice el prólogo del texto sobre el Opus Dei de Le Monde Diplomatique. El manejo del poder consiste en formar un grupo de personas que se dedican a la promoción del desarrollo local. Estas personas son formadas en escuelas de negocios de alto nivel generalmente vinculados a algún ministro de Educación. Es decir, forman cuadros político administrativos que se van a ocupar de gestionar los impuestos, la salud y los recursos humanos. En el Perú la Universidad de Piura es el centro encargado de formar los cuadros que van a ocupar cargos públicos así como privados que mantienen los vínculos entre sí en la forma de una contra masonería. Durante los años de la dictadura de Fujimori, el propio Obispo fue el agente intermediario con las fuerzas armadas al grado que el actual Capellán de la Escuela Naval antes fue el confesor de la Universidad de Piura. El integrismo entonces se va expandiendo a las fuerzas del orden para imponer un orden que en realidad es el viejo orden restaurado.

Para el Opus Dei y la derecha católica romana el tema comienza y termina en la cuestión sexual. ¿El pecado mortal de bailar mambo no estaba, acaso, en esa lista tonta? Paradójicamente los que muestran dificultades con los temas relacionados al sexo son ellos mismos que afirman que se inhiben de tener vida sexual antes que reconocer otros placeres. Dueños absolutos del discurso del poder simbólico expresan prejuicios que están instalados entre el siglo XVI y XVII generando sacerdotes quienes, ante la culpa, actúan a escondidas. Lo perverso comienza en esos parajes recónditos del alma humana. Si un cura es gay o no, es un tema de celibato en última instancia. Si un cura abusa de su poder de confesor para seducir niños es un tema que debería ser castigado con la pena mayor del código penal. Al niño atribulado se le monta encima, en varios sentidos, un adulto problematizado que dice estar ayudándolo en el nombre de Dios. Esto es inaceptable y muy frecuente.

Difícil olvidar que en el Perú no se comenzó la campaña de prevención de SIDA porque se trataba de “la Peste Rosa”, y que en nombre de los prejuicios que estamos mencionando se retrasó el inicio de la campaña nacional varios años. Del mismo modo como ahora, con el retorno a la democracia, un par de ministros de salud vinculados a los movimientos fundamentalistas han vuelto a frenar la lucha contra el SIDA. Imposible olvidar la criminal campaña de fines de los años 80. Difícil perdonarla ahora, tantos muertos más tarde cuando otra vez, ya no con el nombre de la peste rosa sino en el nombre de Dios se detienen las campañas.

Bush, la política exterior norteamericana y los derechos sexuales

Este elemento es adicional a las ya conocidas intolerancias expresadas por el Presidente de los Estados Unidos quien declara a sus adversarios políticos como parte del imperio del mal, trasladando los conceptos del bien y del mal a un discurso belicista, donde él se abroga a decidir quién es el mal. Y está dispuesto a bombardearlo todo hasta sus cimientos como lo hizo con Afganistán en busca de Al Qaeda, o con Irak en busca de Sadam Hussein. Para Bush el mundo se divide entre judeocristianos y musulmanes, como en la edad media. Y su política exterior en relación a temas como el control de la natalidad, igualdad de derechos y otras materias sexuales, es que el eje debe de ser la reproducción y la vida. Matar en el imperio del mal es aceptable mientras, digamos, una T de cobre que impide la fertilización de la mujer debe ser eliminada porque atenta contra el derecho a la vida. Esto se ha vuelto política exterior y las agencias de desarrollo de los Estados Unidos, como USAID y CARE, se encargan hoy de expresarlo y asegurar que las contrapartes nacionales de sus programas de asistencia técnica cumplan con estas premisas.

La política exterior de la administración Bush se sostiene sobre la base de una sólida alianza interna de grupos de extrema derecha que encuentran en el Partido Republicano a su más firme aliado y grupos religiosos conservadores, vinculados a la iglesia católica y evangélica. En su cruzada para frenar el avance en el reconocimiento y promoción de los derechos sexuales de las personas ha encontrado aliados no sólo en las representaciones diplomáticas supeditadas al poder hegemónico de los Estados Unidos sino, también, en los países musulmanes que por razones del dogma religioso coinciden con la política norteamericana en derechos sexuales, por supuesto con la complaciente acción y bendición del Vaticano. Y las armas empleadas en esta cruzada son, por un lado, la participación activa de los Estados Unidos en todos los foros internacionales donde se definen las agendas multilaterales en materia de derechos sexuales y salud reproductiva, y por el otro, el manejo de sus importantes recursos financieros que a través de la cooperación internacional van condicionando la orientación de las agendas en estos temas.

A diferencia de quienes se inscriben en el campo de la defensa y promoción de los derechos sexuales, la administración Bush tiene una agenda extensa e integral que busca desmontar los avances en el reconocimiento de los derechos sexuales, para conducirnos a una nueva edad media. A la administración Bush no le preocupa en particular el reconocimiento del matrimonio para las parejas del mismo sexo, el tema del aborto, comercio sexual, o embarazo adolescente, entre otros, sino lo que estos temas y realidades representan, el desmentido de un modelo único de sexualidad que intenta imponerse hegemónicamente, y que se funda en la heterosexualidad, monogamia y reproducción obligatorias.

No podemos sorprendernos entonces cuando en la agenda de esta cruzada se pretende promover entre los adolescentes y jóvenes la abstinencia sexual, tirando al tacho las evidencias que indican que éstos se inician sexualmente más bien desde temprano. La abstinencia y los “valores” se convierten así en fundamentos de una política educativa y de prevención conservadora que busca estigmatizar el sexo fuera del matrimonio, presentando la sexualidad de los jóvenes como sinónimo de peligro y exposición al embarazo temprano, a la paternidad no deseada, a las ITS y el SIDA, etc. La sexualidad deviene entonces en un problema y no en lo que es: un derecho fundamental de las personas. Obviamente estas propuestas van acompañadas de los recursos necesarios para imponer, por ejemplo, en los países en desarrollo, la abstinencia como el medio más efectivo para la prevención del VIH / SIDA. Como ha pasado con Uganda, país al que el gobierno norteamericano presenta como un ejemplo de la eficacia de este tipo de estrategia preventiva, y donde se ha llegado a niveles aparentemente absurdos, como el hecho que algunos parlamentarios pretendan promover iniciativas de Ley a fin de premiar con el pago de los costos de la universidad a las jóvenes que culminen castas sus estudios en las escuelas.3

Algunos podrían pensar que esta cruzada es perfectamente coherente con los principios religiosos y moralistas que la sostienen. Sin embargo no dejan de llamar la atención algunos hechos que podrían resultar contradictorios, por decirlo de algún modo. Nos referimos a la relación que existe entre esta política exterior norteamericana y los intereses de las grandes compañías farmacéuticas que actúan globalmente.

Mientras se promueve un conjunto de iniciativas educativas y de prevención que no toman en cuenta las realidades ni las necesidades de la población sexualmente activa y se descalifica los únicos medios disponibles de prevención del embarazo o del VIH (como ocurre por ejemplo con la Anticoncepción Oral de Emergencia y el uso del condón), se promueve una legislación para el VIH/SIDA o Tratados de Libre Comercio en los que se asegura la protección de los intereses de las grandes compañías farmacéuticas. Es decir, se cierra un circulo vicioso en el que el dogma religioso y conservador va de la mano con los más puros intereses mercantilistas. Se baja la guardia en materia de prevención efectiva y se ofrece el remedio costoso ante los hechos consumados. En realidad se trata de un circulo perverso en el que no parece importar la vida de las poblaciones más pobres y excluidas del planeta, como ocurriría por ejemplo con quienes viven con el VIH y que por cuenta propia no pueden acceder a tratamientos con antiretrovirales de ultima generación.

Del mismo modo son piezas clave de esta cruzada las políticas que se promueven sobre familia (en singular), diversidad sexual, aborto, servicios de salud reproductiva, y sobre el trabajo sexual. Como vemos la política exterior norteamericana en materia de derechos sexuales es bastante amplia e integrada, como las piezas de un mismo rompecabezas que -a diferencia de los sectores que promueven la agenda de los derechos sexuales desde una perspectiva más progresista- no tiene flancos débiles. En este sentido no existen agendas inocentes. 4

De este modo la suma de la intolerancia norteamericana expresada en su política exterior, más las intolerancias en contra y desde los musulmanes, más las intolerancias católicas van definiendo un escenario complicado y potencialmente conflictivo y represivo. Esto no es ajeno a nadie y en ninguna parte estamos a salvaguarda frente a este nuevo escenario. La interrogante sobre el por qué, y el esbozo de respuesta, han sido materia de este texto.

A modo de conclusión

Los distintos y revitalizados fundamentalismos dan cuenta de una restauración conservadora caracterizada por la intolerancia, el racismo y exclusión de las poblaciones históricamente más golpeadas. En palabras del presidente de los Estados Unidos el mundo se juega una batalla en la que se enfrenta el bien contra el mal, justificando así cruzadas genocidas como la invasión de Irak, o el activo desmantelamiento de los avances en el reconocimiento y acceso a los derechos sexuales. De esta forma los dogmas económicos, religiosos y políticos devienen en valores de una cruzada global que se pretende “salvadora”, y que impone hasta en el último rincón del planeta su tono conservador e intolerante.

Frente este renovado y creciente clima de intolerancia en América Latina se produce un preocupante silencio. En el Perú en particular, frente a la santificación de Escrivá, el gobierno peruano envió una delegación oficial que fue acompañada por 2,500 feligreses. El Opus Dei y el movimiento Sodalitium Christianae Vitae cuentan ya con 8 obispos que tienen una importante influencia en la vida pública del país, y también con un activo grupo parlamentario que se expresa políticamente a través de la Comisión de Salud del Congreso de la República. Y cuando mucho apremia, el Nuncio Apostólico Monseñor Rino Passigato, representante del Vaticano en el Perú, interviene directamente en asuntos de interés público, como cuando recomendó al Ministro de Relaciones Exteriores no adherir a la resolución de Brasil que planteaba reconocer la orientación sexual como un derecho humano durante la 60va. Sesión de la Comisión de Derechos de las Naciones Unidas, en Ginebra. Descontando al Cardenal Juan Luis Cipriani que aboga públicamente por los derechos de inculpados en casos de corrupción del régimen fujimorista mientras niega la condición humana de los y las homosexuales.

Pero en el Perú la intolerancia no sólo viste de sotana. El Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación dio cuenta de dos asesinatos colectivos donde las victimas fueron travestis y gays, cometidos por Sendero Luminoso (en Aucayacu, 1986, y Pucallpa, 1988), y uno cometido por el MRTA (Tarapoto, 1989). Ambas fuerzas, autoproclamadas revolucionarias, asumían que la homosexualidad era uno de los síntomas de la descomposición del sistema capitalista, y que por lo mismo debía desaparecer del nuevo orden revolucionario. Fue así como la guerra se extendió a campañas de persecución y exterminio de homosexuales, prostitutas, usuarios de drogas y delincuentes. Del mismo modo, Antauro Humala, líder del Movimiento Etno-Cacerista (y probable candidato presidencial por el Movimiento de Nueva Izquierda - MNI), ha referido en más de una oportunidad a que, en caso de llegar al poder, se encargaría de eliminar la corrupción, la drogadicción y la homosexualidad. Para no mencionar a Rafael Rey, José Barba, Héctor Chávez Chuchón, Fabiola Morales, y otros congresistas de Unidad Nacional que se oponen sistemáticamente al reconocimiento de los derechos sexuales. Preocupa pues que estas diversas expresiones de la política peruana, sin distingo ideológico, se opongan al principio de la igualdad al mismo tiempo de incitar a la discriminación y el odio por homofobia.

Como vemos, la restauración conservadora liderada globalmente por la administración Bush y El Vaticano encuentra localmente insospechados aliados. Frente a estos hechos hay un silencio cómplice no obstante que violan la constitución peruana que dice que todos y todas somos iguales. Más grave aún cuando desde nuestro lado el silencio se traduce en la comodidad del financiamiento amordazado, en los logros alcanzados, o en las rencillas menudas de capillas siempre iluminadas. La marcha atrás en las conquistas de derechos sexuales y las restricciones crecientes a las libertades ciudadanas que se expresan en el fortalecimiento de los integrismos son rasgos que nos acompañan y contra los que debemos luchar. Recuperemos nuestra capacidad de indignación y nuestro derecho a soñar. Levantemos nuestras voces contra el silencio.

Notas
(1) Recuérdese el asesinato en Ámsterdam, en noviembre del 2004, del cineasta Theo van Gogh, quien había producido una película en la que se criticaba al Islam por permitir la violencia sobre las mujeres. Durante el juicio el asesino, un fanático musulmán, asistió vestido con una túnica negra y el Corán entre manos, y al declararse culpable, señalo: “Quiero que sepáis que actué por convicción y que no lo maté porque él fuera holandés o yo marroquí...”. Igualmente debemos indicar que este asesinato desató un conjunto de ataques sobre los inmigrantes musulmanes, sus mezquitas y símbolos religiosos, planteando un conjunto de interrogantes sobre la integración de los inmigrantes en un país tradicionalmente caracterizado por su tolerancia.
(2) El término trans refiere a las personas travestis, transexuales y transgénero.
(3) Información difundida por la agencia Reuters, y publicada en el diario Perú 21, del jueves 21 de julio del 2005.
(4) Ocurre en el movimiento feminista frente al tema del aborto o en el caso de los movimientos LGBT frente al tema de los matrimonios de las personas del mismo sexo, por ejemplo. Muchas veces estas diferencias o tensiones, que debilitan las posibilidades de respuestas más eficaces desde una perspectiva critica, son alimentadas a través de mecanismos previstos en el diseño de la política exterior norteamericana, por ejemplo con la “Ley de la mordaza” que condiciona la independencia de los organismos no gubernamentales que perciben ayuda de las agencias del gobierno norteamericano.


Sobre los autores
Oscar Ugarteche, economista y escritor. Actualmente profesor asociado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Y Jorge Bracamonte, historiador. Actual Director Ejecutivo de la Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales, y miembro de la asamblea de asociados del Movimiento Homosexual de Lima (Mhol).

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Panel realizado en julio de 2004, en el Primer Foro Social Américas. Los expositores fueron Line Chamberland de Canadá; Irene León de Ecuador y Oscar Ugarteche de Perú. Boaventura de Sousa Santos participó como moderador.




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