El 10 de diciembre de 1948, fue aprobada la Declaración Universal de los Derechos Humanos por la Asamblea General de la ONU,
constituyéndose en el consenso universal contemporáneo sobre los derechos individuales, colectivos e inalienables de todo ser humano.
Esta Declaración, votada por todos los Estados miembro de Naciones Unidas, ha sido complementada por diversas Convenciones, como las relativas a los derechos civiles y políticos, los económicos, sociales y culturales, la eliminación de la discriminación hacia la mujer, los derechos de niños y niñas y de los grupos más vulnerables.
A 56 años de la adopción de la Declaración Universal de los DDHH, los conflictos armados están en primera plana, aumentan los
desplazamientos y la violencia contra las mujeres, disminuye el acceso a los servicios esenciales y a las medicinas, los
presupuestos para la educación ven menguadas sus arcas año a año. Resulta difícil imaginar un mundo donde todas y todos tengamos nuestros derechos humanos garantizados, protegidos y respetados. Es difícil imaginar cómo transformar el día de los DDHH en un festejo.
Los gobiernos del mundo se comprometieron en la Declaración Universal de los DDHH a garantizar, proteger y respetar los derechos humanos. Actualmente se habla del cuarto compromiso, el de informar. El derecho a la información es uno de los pilares fundamentales para el cumplimiento de los derechos humanos.
Sin embargo, ¿cuál es la prioridad que parecen tener nuestros gobiernos en la actualidad? En nombre de los derechos individuales y la seguridad, los gobiernos del mundo se han comprometido a acabar con el terrorismo, pero ¿a qué costo y con qué impacto?
El terrorismo en cualquiera de sus formas es altamente condenable, así lo afirman los relatores especiales de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en su declaración conjunta de Junio de 2004. Al mismo tiempo reafirmaron su determinación individual y colectiva -dentro del marco de sus mandatos- de monitorear las políticas, legislaciones, medidas y prácticas que desarrollan los Estados en nombre de su lucha contra el terrorismo, vigilando su concordancia con los acuerdos internacionales de derechos humanos.
Sin embargo, a nivel global no existen derechos humanos mientras exista pobreza... El Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (CESCR) ha reconocido que en el pasado reciente la pobreza a menudo fue definida como ingresos insuficientes para cubrir el mínimo de la canasta de bienes y servicios. En cambio, ahora se considera que la pobreza debe ser definida como una condición humana caracterizada por una crónica o sostenida privación de recursos, de capacidades, de posibilidades de elección, de seguridad y poder, todas ellas condiciones necesarias para el disfrute de un standard de vida adecuado y otros derechos culturales, económicos, políticos y sociales.
La pobreza sigue atacando a los grupos más vulnerables, y a los más vulnerables dentro de éstos, es decir las mujeres: jefas de familia, desplazadas por conflictos, mujeres indígenas o mujeres que sufren violencia, discriminadas por su raza, o lo que es peor, mujeres que padecen todo esto junto...
Este fin del año 2004 una vez más volvamos a imaginar otro mundo mejor para todas y todos con justicia y derechos humanos; no sólo otro mundo es posible, sino que solamente así otro mundo es posible!
Algunas declaraciones en ocasión del 10 de Diciembre de 2004: