Presentada en la Sesión especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Junio de 2000, en Nueva York, en la marco de la revisión de la Plataforma de Beijing, a cinco años de su aprobación.
“Señor presidente: No sé si decir “buenas noches”. ¿ Se puede decir buenas noches” a noches como ésta?
¿Son buenos los días, en que una sola palabra puede hacernos perder de vista, que tras ella está la vida de millones de mujeres? ¿Qué palabra puede valer más que los propios conceptos que representa? ¿Cuál vale más que las mujeres traficadas?, ¿que el valor que en este mismo instante están produciendo las horas de trabajo infantil? ¿Qué palabra vale más que el miedo de las mujeres que viven en las zonas de conflictos? ¿ y mucho más cuando ese territorio de conflicto es el propio cuerpo de esas mismas mujeres? ¿Es que hay una sola palabra que valga más que las mujeres migrantes trabajando sin derechos y sin horarios? ¿Con una sola palabra se puede ocultar la discriminación y la exclusión? ¿Qué colores tienen las palabras? ¿En qué lengua y con qué cultura se pretende devaluar la diversidad de rostros, razas, etnias, historias y lucha de nuestras mujeres? ¿Se puede llamar buenas tardes, a las noches, a los días en que los gobiernos se hacen sordos a los compromisos que nosotras asumimos y que ustedes no respetaron?
Señor Presidente, se nos dijo que teníamos cinco minutos para dirigirnos a la Asamblea General, ¿ cómo expresar, en este corto tiempo, la confianza con que fuimos a Beijing?, ¿cómo cantarles en cinco minutos, todo lo que hicimos en estos cinco años para cumplir nuestra parte en la Plataforma de Acción?,¿cómo expresarles lo que sentimos al ver que a nuestra esperanza ustedes la encorchetaron por un problema de lenguaje? ¿Cómo, después de estas patética inoperancia, volver a creer en aquellos gobiernos cuyas elites políticas responde solamente a sus intereses religiosos, políticos, económicos, particulares, pequeños y mezquinos?, ¿cómo volver a nuestros países y contarle a nuestros pueblos que diez es más que ciento ochenta y siete? ¿En estos cinco minutos tenemos que volver a convencerlos que nuestra lucha es justa?
¿Cuántas palabras más son necesarias para que ser joven no sea un estigma? ¿Cuántas se necesita aprender para que una mujer astronauta no asombre a nadie?, ¿cuánta ciudadanía, cuánta democracia se necesita aprender para que la discriminación positiva y los mecanismos institucionales que reclamamos sean cosa del “siglo pasado”?, ¿cuántas palabras más son necesarias para que la maternidad no sea un riesgo de muerte?, ¿ para que el aborto no siga siendo la primera causa de estas muertes?, ¿para que el amor no sea condenado cuando no se ajusta a las palabras con las que algunos de ustedes quieren definirlo?. ¿Qué lógica es aquélla que acepta el odio consensuado y la guerra entre y dentro de nuestros países y quiere hacer la guerra al amor que no se ajusta a sus definiciones? ¿Qué religión tienen las palabras?, ¿qué palabras definen a ese dios con el que se quiere legitimar el desprecio, la violencia, la injusticia contra las mujeres?,¿ con qué palabras creen que podrán amordazar la creatividad, las ideas, los sueños de millones de mujeres? ¿Se puede pretender cambiar la historia de este nuevo milenio?
Señores y señoras delegadas. El tiempo de las prohibiciones y los corchetes es de algunos de ustedes. Pero el tiempo de la historia, a pesar de algunos de ustedes, es nuestro. Tienen la oportunidad de avanzar con nosotras. ¿Cuáles son las palabras que ustedes harán valer más en esta conferencia? Hace cinco años, en esta misma Asamblea General todo, todo parecía estar dicho. Ahora, las palabras no entienden lo que pasa. Las de las mujeres de América Latina y el Caribe son: derechos, justicia, democracia. Que las suyas no retrocedan la historia.”