La Declaración de Chiang Mai
Fuente: AWID

Mujeres y religión: una agenda para el cambio

Las mujeres y las religiones: avanzando hacia la equidad de género en un mundo globalizado
Chiang Mai, 29 de febrero al 3 de marzo 2004.


Preámbulo

Nosotras y nosotros, participantes en esta conferencia sobre mujeres y religión, reconocemos que las realidades contemporáneas tienen consecuencias trágicas para las vidas de las mujeres. Si las religiones no se comprometen con los derechos humanos de las mujeres y con la solución a esas tragedias, entonces, estarán faltando a su cometido. Conforme se aíslan cada vez más de los valores y las necesidades de sus feligreses, su propia relevancia resulta cuestionada.

Es urgente que las religiones respondan a estas realidades. Las religiones deben adecuarse a la evolución cultural en la que estamos inmersos. Las religiones no deben tolerar más la violencia contra las mujeres. Las mujeres se sienten excluidas de las religiones que toleran esa violencia. Estamos comprometidos a trabajar para un cambio y hacemos un llamado a mujeres y varones, para que se unan en esta tarea.

I. Mujeres y globalización: problema y promesa

Vivimos un tiempo de cambios rápidos que presenta retos y también oportunidades. Estos cambios tienen efectos profundos en nuestras vidas.

Nuestro mundo globalizado está siendo desvastado por los conflictos armados, la creciente disparidad económica, la feminización de la pobreza, el desplazamiento masivo de personas, la violencia contra las mujeres, la pandemia del VIH/SIDA, el racismo persistente y los extremismos. Todo lo cual genera un clima de temor e inseguridad profundo y extendido. El capitalismo globalizado ha reducido todo a mercancías y a las personas al rol de consumidores o, aún peor, a ser un bien más del mercado. En ningún otro lugar es ésto más evidente que en la vida de las mujeres: -- Los cuerpos de mujeres y niñas son mercantilizados, especialmente en el tráfico sexual.

-- Cada vez más, el VIH y el SIDA tienen rostro de mujer.
-- Mujeres, niñas y niños pueblan desproporcionadamente los campos de refugiados y personas desplazadas.
-- Las mujeres representan la proporción más grande de trabajadores explotados.
-- Las presiones de la economía globalizada han generado mayor violencia contra las mujeres, niños y niñas. Sin embargo, la globalización también presenta promesas y posibilidades para el avance del bienestar y los derechos humanos de las mujeres: -- Más mujeres, en más lugares, pueden ser empleadas de manera justa y ventajosa.
-- La tecnología de la información permite compartir estrategias, éxitos y esperanza a las mujeres en todo el mundo.

II. Mujeres y religiones: problema y promesa

Las religiones, en su mejor expresión, celebran la dignidad de cada ser humano y de la vida, como partes valiosas de un todo sagrado. Nos inspiran y empoderan para tener compasión y sentido de la justicia. Sin embargo, las religiones no siempre han hecho lo mejor que estaba a su alcance. Han colaborado con poderes culturales, políticos y económicos en perpetuar valores deshumanizantes, contribuyendo así al sufrimiento de las mujeres.

-- Han hecho invisibles a las mujeres al negarles formación religiosa y excluirlas de la toma de decisiones.
-- Han permanecido en silencio cuando los sistemas patriarcales legitimaron la violencia, el abuso y la explotación de las mujeres por parte de los varones.
-- Este silencio ha sido ensordecedor frente a atrocidades tales como la violación, el incesto, la mutilación genital femenina, el aborto selectivo según el sexo y la discriminación en contra de las minorías sexuales.
-- No han reconocido la conciencia y agencia moral de las mujeres, especialmente en relación con su sexualidad y sus decisiones reproductivas.

Pero las religiones deben y pueden hace mejor las cosas. Para ello deben retomar sus valores centrales de justicia, dignidad y compasión y aplicarlos a las mujeres. Estamos de acuerdo en que:

A. Dentro de las religiones, la formación religiosa de las mujeres debe ser reconocida y promovida. Las mujeres son:

-- Estudiantes: Así como la educación es entendida actualmente como un factor crítico para la transformación del mundo, proporcionar educación religiosa a las mujeres es crítica para la transformación de las religiones. Las mujeres que buscan acceder a la educación religiosa, tanto a nivel básico como avanzado, deben ser bienvenidas.

-- Académicas: A pesar de los obstáculos enfrentados, las mujeres se han desarrollado como académicas en religión. Su contribución es un recurso esencial para el desarrollo general de nuestro entendimiento de la religión y deberá ser promovida.

-- Profesoras: Los líderes y estudiantes religiosos varones tienen mucho de qué beneficiarse de las mujeres profesoras de religión. La capacidad de las religiones para avanzar hacia una mayor sensibilidad hacia las mujeres es imposible si no trabajamos para generar cambios en los varones.

-- Líderes: Las mujeres deben participar plenamente de la vida y del liderazgo institucional de sus comunidades religiosas. Las mujeres están capacitadas para ser tomadoras de decisiones, y sus talentos deben ser reconocidos y utilizados al máximo.

B. En el mundo:

-- Las religiones deben utilizar su mensaje de paz para oponerse a la realidad cotidiana de la violencia en la sociedad y en la familia. Hay una contradicción entre el mensaje de paz inherente a todas las religiones y la ausencia de trabajo en favor de la paz en el hogar y en la sociedad.

-- Las mujeres son sujetas y no objetos en sus propias vidas. El derecho a decidir cualquier rol, incluyendo la maternidad, debe ser apoyado social, económica y políticamente.

--Las religiones deben aplicar el mensaje de justicia social a las mujeres. Las religiones del mundo lideran la búsqueda de la justicia social, la protección del medio ambiente, la lucha contra el racismo y en favor de las/os pobres. Pero las religiones han permanecido en silencio por mucho tiempo, sin dar respuesta a temas críticos relacionados con los derechos humanos de las mujeres, tanto en la familia como en el trabajo.

-- Esto es más que evidente con relación a la sexualidad y la salud reproductiva de las mujeres. Dada la preocupación moral que envuelve al aborto y la diversidad de posiciones morales que existen, la visión de una religión en particular no debería imponerse sobre la conciencia de otras personas. La despenalización del aborto es una respuesta mínima a esta realidad y un medio razonable para proteger la vida y la salud de las mujeres en riesgo.

Conclusión:

Nuestra experiencia de reunirnos como mujeres líderes y líderes religiosos nos ha convencido de que las tradiciones religiosas y las aspiraciones de las mujeres no son opuestas. Y no somos enemigos. Por el contrario, compartimos el mismo compromiso con la dignidad humana, la justicia social y los derechos humanos para todas las personas.

Por lo tanto, nos comprometemos y hacemos un llamado a otras mujeres y líderes religiosos para que busquen espacios de acercamiento para ampliar la comprensión, el apoyo y la cooperación mutua. Esto puede hacerse a nivel regional, expandiendo el consenso logrado en esta reunión, y a nivel nacional, para definir actividades concretas y conjuntas que conduzcan al bienestar y los derechos humanos de las mujeres. Nos reunimos como mujeres y hombres para explorar cómo los poderes positivos de las religiones pueden comprometerse con el avance del bienestar de las mujeres. De hecho, creemos que cuando las mujeres y las tradiciones religiosas colaboran, puede crearse una fuerza poderosa para avanzar en los derechos humanos y el liderazgo de las mujeres.

Esta declaración fue aprobada unánimemente por todas las personas participantes en la reunión, el 3 de marzo de 2004.

(Tomada de: www.peacecouncil.org/mujeresyreligion.html)




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