Las corporaciones privadas –sean nacionales o transnacionales- son los principales actores en una economía de mercado, agentes de la apertura comercial y la globalización. Si bien el crecimiento económico que promueven en un país no garantiza el desarrollo equilibrado del mismo, sí tienen un amplio impacto en las relaciones económicas, políticas, sociales y en el medio ambiente que integran una sociedad. Esto hace que su desempeño requiera de una gran responsabilidad, así como su participación en sentar las bases para lograr un desarrollo sustentable y equitativo.
El buen gobierno corporativo define las reglas y las prácticas que gobiernan las relaciones entre directivos, accionistas, empleados y pensionados de las empresas, así como la interacción de ellas con las comunidades locales. Esto asegura transparencia, equidad y rendición de cuentas, ya que el gobierno corporativo es un prerrequisito que genera el buen funcionamiento de las instituciones de mercado, permitiéndoles obtener mayor financiamiento externo y aumentar su crecimiento económico. Sin embargo, debido a que estas no funcionan en un contexto aislado, su responsabilidad va más allá de cumplir con la legalidad; éstas deben cubrir las expectativas de las sociedades democráticas en las que se desenvuelven.
El concepto de responsabilidad social corporativa (RSC) considera valores y principios en favor del desarrollo sustentable: promueve sistemas que integren aspectos ambientales y sociales en la toma de decisión, incorpora el diálogo abierto y una mayor vinculación con las partes afectadas e interesadas (stakeholders), reporta sobre su desempeño, retribuye a la sociedad lo que de ella toma, proporciona productos y servicios de calidad, genera utilidades, empleos y paga impuestos.
Importancia de la RSC en la agenda del desarrollo sustentable
La responsabilidad social corporativa, además de ser un componente vital de estrategia corporativa, es un elemento crucial en la agenda del desarrollo sustentable y de los esfuerzos internacionales por promoverlo éste a nivel mundial global. Si consideramos como única prioridad el aspecto de estrategia corporativa, lo que lleva a las empresas a adoptar una RSC, corremos el riesgo de que su motivación esté sólo asociada al sentido que cada empresa tiene respecto del tiempo de permanencia en el país que radica. Es decir, en un extremo estarían las empresas que explotan los recursos naturales y por ello, permanecen periodos largos de tiempo en un mismo lugar. Su urgencia se derivaría de la necesidad de evitar boicots y obtener una mayor aceptación; mientras que, aquéllas que son de corta duración como las inversiones de flujos de capital no tendrían mayor incentivo en adoptar una RSC. Si bien esto llega a ocurrir, el error sería no considerar que hay un aspecto más importante, el cual está relacionado en cómo hacer que en un mundo de economías abiertas se desarrolle un modelo más incluyente, con base en el buen gobierno, la rendición de cuentas y la observación al derecho. Éstas deberían ser las metas comunes. De ahí que son las corporaciones las que tienen un alto grado de responsabilidad en este proceso debido al impacto que tienen en los diferentes sectores que componen una sociedad y al papel que juegan dentro del modelo económico en el que estamos inmersos.
Se ha trabajado desde diferentes organizaciones intergubernamentales conjuntamente con el sector privado y grupos de la sociedad civil, en el intento por desarrollar normas y estándares generales de responsabilidad social corporativa (como el Global Compact de las Naciones Unidas), además proporcionar principios de referencia de buen gobierno corporativo, como los que enmarca la Organización para la Cooperación del Desarrollo Económico (OCDE). Del mismo modo, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, actúa como facilitador en distintos países para identificar y abordar temas y problemas relacionados a las actividades del sector privado de manera más específica.
RSC en el desempeño de la empresa
Por su parte, la intención voluntaria de las empresas en adoptar el concepto de responsabilidad social corporativa y las estrategias que de éste emanan se desprenden quitar, ha marcado un buen inicio de contribución al desarrollo sustentable. La RSC se puede instrumentar en tres niveles, en donde el último incorpora de manera integral los objetivos. El primero, incluye el cumplir con la regulación en materia ambiental, de salud y de seguridad, desarrollar programas filantrópicos e incorporar la consulta con las partes afectadas e interesadas como parte del desarrollo del proyecto.
El segundo nivel, además de respetar las regulaciones mencionadas, aborda aspectos sociales a través de un equipo propio de la empresa; hay una inversión social que apoya proyectos que surgen de las necesidades de la comunidad local, y la consulta es parte del proceso de hacer negocios. Por último, el cumplimiento de las regulaciones y los aspectos sociales están integrados en la toma de decisión, además de desarrollar alianzas para lograr metas en común, y obtener un diálogo continuo e intercambio de ideas como parte de una estrategia de planeación.
Es necesario, sin embargo, que además de asumir el compromiso exista un monitoreo e información sobre el desempeño. Los indicadores cuantitativos y contundentes sobre el desempeño de la empresa en aspectos de responsabilidad social no son significativamente utilizados para respaldar su compromiso. En ocasiones, los reportes tienden a centrarse en aspectos como donaciones caritativas, programas comunitarios y patrocinio a actividades deportivas; no en las actividades sustantivas de la empresa, tales como, precios de los productos, comportamiento anti-competitivo, derechos humanos, políticas de inversión, derechos laborales en países en vías de desarrollo, distribución de genero en altos mandos, entre otros.
En conclusión, las corporaciones tienen la capacidad, debido a su impacto en los diferentes ámbitos, de mejorar o entorpecer las relaciones económicas, políticas, sociales y el medio ambiente en favor de un desarrollo sustentable. A través de un compromiso sólido y un buen desempeño, se espera que las corporaciones asuman su responsabilidad social e incorporen y desarrollen de manera integral estrategias que les permitan actuar en beneficio de la sociedad.
* Verania Chao Rebolledo, egresada de la UDLA-P, México y LSE. Es Consultora Social para diferentes organizaciones locales e internacionales en México. Su carrera profesional se ha basado en el diseño de políticas públicas ambientales, análisis comparativo de información, así como en la instrumentación de mecanismos de participación social, que coadyuven a la planeación de proyectos, planes y programas ambientales en distintos sectores sociales.
Publicado en el boletín de Ide@sostenibles, Espacio de reflexión y comunicación en Desarrollo Sostenible (diciembre de 2003).