Entre diciembre de 2002 y abril de 2003 el pueblo mapuche que habita el sur argentino ha promovido un intenso debate sobre el eventual “remate de la Patagonia”, organizando marchas y manifestaciones, y enviando a la opinión pública cartas que alertan sobre los daños irreparables que provocaría -no sólo en la comunidad, sino también en la soberanía del pueblo argentino- la progresiva venta de tierras patagónicas y la generosa concesión de tierras a una gran empresa minera canadiense para la explotación de oro de la región.
Este debate no se inició en diciembre ni durará hasta estos días: parece ocupar un lugar adherido a la historia de los reclamos del pueblo mapuche-argentino, que ha sufrido, desde mediados de siglo XVII, por parte de la colonia española primero, y del estado después, los efectos de una insistente falta de reconocimiento como propietarios de las tierras que cultivan y habitan. La tierra de los mapuche (“gente de tierra”; mapu significa “tierra” y che significa “gente” en mapudungun, el idioma mapuche) está bajo amenaza, otra vez.
La historia del despojo de las tierras y las persecuciones dura más de cien años. En 1879 la campaña se llamó “Conquista del Desierto” -a cargo del ejército argentino, durante la presidencia del general Julio Argentino Roca- y alcanzó con éxito su objetivo de erradicar del territorio de Río Negro y Neuquén a los pueblos indígenas. La limpieza étnica fue cumplida. Actualmente son las grandes corporaciones mineras las que explotan los recursos auríferos de la región y capitalistas extranjeros obtienen –por parte de productores rurales decaídos y a precios devaluados- extensísimas porciones de tierras patagónicas. Hace alrededor de cinco años la Organización Mapuche Tehuelche 11 de Octubre denunció ante la prensa que los mapuches se habían convertido en mano de obra barata para la compañía Benetton, “que los exprime sin compasión”, según declaró Mauro Millán, un integrante de la agrupación, quien agregó, refiriéndose a la Southerland Company, compañía inglesa que era la anterior propietaria de esas tierras: “Los ingleses eran más humanos”. Ver texto completo