Introducción:
En la educación guatemalteca, aún persiste desigualdad de oportunidades para las mujeres, ya que las mismas tienen las mayores tasas de analfabetismo, desertan del aula escolar antes de concluir el tercer grado, afectando en su mayoría a indígenas que viven en pobreza y extrema pobreza principalmente en el área rural del país, incidiendo en que sus condiciones de vida sean precarias.
Más allá del analfabetismo, la deserción escolar, el acceso limitado, la calidad deficiente, equidad escasa y poca cobertura de la educación formal dirigida a las mujeres, el sistema homogeniza un mismo tipo de educación para todas y todos, el cual carece de elementos que garanticen el desarrollo humano de los seres humanos en todas las etapas de su vida y en particular a las mujeres, que apoye a transformar las bases que sustentan su subordinación.
En la currícula no se toma en cuenta la diversidad étnica y cultural de nuestro país, los aportes y contribuciones del pueblo maya, garífuna, xinca y mestizo, invisibilizando su historia, costumbres y tradiciones; impartiendo sus contenidos mayormente en idioma español, lo que denota la no apropiación de que Guatemala es un país multiétnico, pluricultural y multilingüe.
Aunado a esto existe un patrón sociocultural donde se da más importancia a la educación de los varones en detrimento de las niñas, asignándoles a ellas una formación de que se basa en ser ama de casa o en el crear solo condiciones y habilidades para la reproducción, condicionándoles con ello su acceso al desarrollo y a posibilidades reales de calidad de vida.
Es en el ámbito familiar al que la sociedad y sus diversas instituciones (Estado, Iglesias, Medios de Información, etc.) le asignan la socialización de roles y estereotipos sexuales, que se basan en afirmaciones acríticas y se legitiman en la escuela a través de los textos escolares y en las prácticas docente-estudiantiles, estableciendo una educación desigual para mujeres y hombres puesto que controla el deber ser de los mismos; en el caso de las mujeres sumisas, sensibles, frágiles, calladas, pasivas, designadas para el ámbito privado; en tanto que los hombres son preparados para ser fuertes, dominantes, proveedores del hogar para lo cual se les asigna el ámbito público; manifestándose desde allí la división sexual del trabajo.
Asimismo, los medios de comunicación utilizan la imagen de la mujer como objeto sexual promoviendo el consumo de productos por parte de los hombres y la sociedad, aumentando aspectos para el hogar y la familia, más que reconocerlas como sujetas sociales y políticas.
Podemos afirmar que la educación formal y no formal, como parte del sistema educativo del país, es uno de los espacios donde se socializa a los seres humanos y en donde se reproduce el patriarcado, como sistema que perpetúa la desvalorización de lo femenino, y donde el sexismo y el racismo se encuentran interiorizados.
Un país multiétnico, multilingüe y pluricultural como Guatemala, presenta el fenómeno del racismo que afecta mayormente a los pueblos indígenas, garifuna y xinca que no solo excluye y diferencia a la mayoría del país, sino que en el caso de las mujeres agudiza la discriminación. En el caso del racismo hacia los pueblos indígenas, xincas y garífunas, cabe señalar que los efectos de la discriminación ha llegado a tales niveles, en donde no existe un reconocimiento como sujetos (as) políticos (as) hacia los mismos, lo que invalida históricamente sus orígenes, propuestas y el acceso a toma de decisiones, al desarrollo y la paz. En nuestro país existe una cultura racista y clasista hacia las etnias mayas, garifunas y xincas, donde todavía no se ha dado una discusión, debate y análisis para contrarrestar los efectos de dicha discriminación racial, que sigue enseñándose y propagándose en la familia, escuela, iglesia, Estado, etc.
También existe la desvalorización de la cultura mestiza, donde se discrimina por su origen étnico, dicha práctica es menos visible por la concepción que se tiene de ser una cultura dominadora y opresora.
El impasse en que se encuentra la Reforma Educativa, la falta de acceso, cobertura, textos escolares, calidad y escasez de recursos educativos (escuelas, maestras, maestros); aunado a la situación general del país, han agudizado la deserción escolar de las niñas.
La baja o nula escolaridad de los padres y madres de familia y la situación económica en que se encuentran, obligan a las niñas a insertarse desde temprana edad en el mercado laboral y/o ser considerada mano de obra auxiliar de las familias, en el trabajo de la casa y al cuidado de hermanas y hermanos menores, negándoles la oportunidad de accesar a una educación formal y por ende a tener una vida digna.
Fundamentación: En base a los siguientes indicadores, se evidencia la desigualdad e inequidad en la educación de las mujeres[1]:
§ El índice promedio de analfabetismo entre las mujeres indígenas es del 51.5%. Las más altas tasas de analfabetismo se encuentran en los departamentos: Quiché 52.5%, Alta Verapaz 51.3%, Sololá 47.9%, Totonicapán 43.3%, Baja Verapaz 41.9%, Huehuetenango 41.6%, frente a una media nacional de 31.7%. El promedio de analfabetismo entre las mujeres indígenas varía de 50% hasta 90% y solamente 43% de ellas logran terminar el nivel primario, 5.8% la educación media y el 1% la educación superior.
§ En el período de 1995 a 2000 no se ha dado un incremento significativo en el porcentaje de inscripción inicial de mujeres en todos los niveles educativos. De cada 8 niñas que inician la escuela primaria sólo una finaliza el sexto grado. La deserción escolar de niñas en el área rural, a partir del tercer año de primaria es de 66.4%.
§ La mayoría de los 556,000 niñas y niños entre 7 y 14 años, que no asisten a la escuela son indígenas.
Los actores y actoras de los procesos educativos (maestros, maestras, estudiantes, padres y madres de familia) aun requieren de medios, mecanismos y recursos, para revertir los roles, estereotipos, el racismo, sexismo y la discriminación que persiste en la educación en general y en particular hacia las mujeres.
Partimos del consenso del Seminario Igualdad, Justicia y Equidad... Mujeres por una vida libre de racismo y discriminación,[2] de la cual emanó una declaración política que fue llevada a Durban, South Africa, la cual consideraba que "Al umbral del siglo XXI las niñas, jóvenes, mujeres y adultas mayores de nuestro continente, permanecen en un sistema de subordinación por género, étnia y clase. Las múltiples discriminaciones se manifiestan en las esferas de la educación, la cultura, el trabajo, la salud, ciudadanía, vida familiar y política. Afecta especialmente a mujeres indígenas y afrodescendientes del mundo, mujeres con diferentes identidades sexuales, mujeres que viven desarraigo nacional y cultural. Lo que se traduce en una violación a sus derechos humanos".
Así también se elaboraron varias recomendaciones dirigidas hacia los Estados Gobiernos. Entre ellas están:
§ Instar a que la educación sea un instrumento para superar las múltiples discriminaciones que deterioran las condiciones de acceso, permanencia y promoción de las mujeres en el sistema educativo a lo largo de sus vidas.
§ Reconocer la educación como instrumento de promoción de nuevas prácticas democráticas de valoración de las diferencias, capaz de garantizar la real y efectiva igualdad y equidad de oportunidades para niñas y mujeres adultas.
A partir de la Conferencia de Racismo, Discriminación, Xenofobia y otras formas conexas de Intolerancia, su Programa de Acción reconoce la necesidad de establecer la interseccionalidad de las múltiples formas de discriminación institucionalizada, tales como género, edad, etnia, casta, discapacidad, idioma, clase, cultura, religión, estado civil.
Más allá de ello el fenómeno del sexismo, racismo, discriminación y xenofobia se encuentran aún encubiertos en prácticas cotidianas, las políticas públicas, en las inversiones para el desarrollo que implementan los Estados y que se manifiestan en la negación, invisibilización de los seres humanos distintos o diferentes: los pueblos indígenas, pueblos afrodescendientes y las mujeres.
Se requiere que las políticas públicas estables de corto, mediano y largo plazo en educación, contemplen la misma en todas las etapas de la vida y resuelvan la falta de cobertura, equidad, calidad y pertinencia de los servicios.
La necesidad de abrir un espacio en el que se desarrolle una agenda de proceso, en la cual el acceso a una educación no sexista y no racista, se asuma como un derecho impostergable para las mujeres, así como esta demanda e intereses se asuma en los sujetos políticos y sociales.
[1] Informe de Verificación de Minugua, septiembre 2001. Los desafíos para la participación de las mujeres guatemaltecas. Los pueblos indígenas de Guatemala: la superación de la discriminación en el marco de los Acuerdos de Paz.
[2] Red de Educación Popular Entre Mujeres REPEM, Conferencia Virtual 2001