Un suplemento de DAWN para el FORO SOCIAL MUNDIAL
Porto Alegre, del 23 al 28 de enero de 2003
Por Sonia Correa, Coordinadora de Investigaciones de DAWN en Salud y Derechos Sexuales y Reproductivos.
DAWN dedica el Suplemento Especial para el Foro Social Mundial (FSM) 2003 exclusivamente al aborto, porque éste es un asunto político global que debe ser abordado y debatido, en especial por aquellas personas preocupadas por los impactos negativos de la globalización y comprometidas a defender los derechos humanos de las mujeres y la igualdad de género. Una forma simple de demostrar que el tema es globalmente relevante es examinando los datos disponibles en la información compilada por el grupo Catholic for a Free Choice y por el Center for Reproductive Law and Policy (ver más abajo "Datos globales sobre el aborto"). Además de reconocer que se trata de una cuestión de salud pública mundial, DAWN considera que los movimientos de la sociedad civil tienen el desafío de tomar en cuenta tanto sus aspectos históricos como sus implicancias (geo) políticas.
Históricamente, en Occidente y en otras partes del mundo, las leyes y las normas religiosas han prohibido el aborto. Esto no es sorprendente, ya que estas leyes fueron moldeadas por sociedades patriarcales y, como recuerda Daniel Maguire “Las religiones del mundo fueron fundadas en tiempos en los que la despoblación era un problema mundial. En el Imperio Romano, cuando se estableció la cristiandad, sólo cuatro de cada cien personas podían llegar a la edad de 50 años, la mortalidad infantil era elevada… Las religiones nacidas en esos tiempos no podían menos que proclamar la bendición de la fertilidad". Existen registros históricos y contemporáneos de situaciones en las cuales esas leyes permiten castigos extremos. Por ejemplo, la Inquisición Católica Europea atrapaba y ejecutaba como brujas a las mujeres que interrumpían su embarazo y también a aquellas que las ayudaran a hacerlo. En Nepal, hasta el año 2001 las adolescentes que recurrían a abortos ilegales podían ser condenadas hasta con 20 años de prisión. Pero ni hoy ni en el pasado, las religiones ni las prohibiciones legales han sido capaces de impedir la práctica extensiva del aborto. La idea de encarcelar a las 700.000 mujeres brasileras que recurren a abortos clandestinos cada año –cifra estimada– no es tomada en serio por ninguna de las personas que confeccionan las políticas, más allá de su posición moral al respecto de este tema. Sin embargo, estas leyes siguen en su lugar, básicamente para mantener un clima cultural de condena moral a todas aquellas mujeres que recurren a la interrupción de sus embarazos, en vez de hacer otros esfuerzos para tratar de entender por qué lo hacen.
Además –aunque esto no haya sido reconocido en todo el mundo– el aborto ha sido parte de la agenda progresista internacional prácticamente desde los comienzos del siglo XX. La mejor ilustración de esto es el trabajo de la líder socialista Emma Goldman, quien promovía el uso de anticonceptivos entre las trabajadoras de Nueva York. En 1917 ella se trasladó a Rusia y una vez allí, influenció en las primeras políticas de la Revolución Soviética con relación a la educación sexual y a la despenalización del aborto. Después del año 1945, esta temprana experiencia soviética influenciaría la reforma de las leyes en la mayor parte de Europa del Este y en otros lugares. Si recordamos que Cuba legalizó el aborto en 1959, inmediatamente después de la revolución, queda claro que las visiones socialistas de Goldman acerca de la autodeterminación reproductiva de las mujeres legaron hasta el Sur, aunque no sepamos mucho sobre el camino que se transitó para que esto fuera posible.
La agenda del aborto se convirtió en una agenda global después de que el proceso se volviera legal en un amplio número de países industrializados en los años 60 y 70: Estados Unidos, Francia, Holanda, Italia, Canadá, los países escandinavos y Australia. El movimiento feminista en los países en desarrollo rápidamente se apropió del debate sobre la autodeterminación reproductiva, el cualincluía el acceso a un aborto legal y seguro. Ya en el año 1979 el movimiento feminista de Brasil abogó públicamente por la despenalización del aborto. Sin embargo, inmediatamente después, el aborto también se volvió el objetivo político principal de las fuerzas moralistas conservadoras. Aunque la mayoría de estas fuerzas estaban localizadas en el Norte, no limitaron sus esfuerzos a sus propios ámbitos de acción nacional, sino que intentaron frenar la liberalización de las leyes en otras partes del mundo.
Inmediatamenete después que la Corte Suprema de EEUU decidiera sobre la constitucionalidad del aborto en 1973, el Senador ultra conservador Jesse Helms fue capaz de conseguir que se aprobara un recurso que prohibía el uso de fondos de asistencia norteamericanos en actividades relacionadas con el aborto . En los países católicos del Sur, las reformas constitucionales de los años 80 y principios de los 90 fueron exitosamente influenciadas por el lobby global del Vaticano que reclamaba la incorporación en los textos finales de un recurso para “ el derecho a la vida desde la concepción”. Brasil fue el único país donde el recurso no fue incluido, porque el movimiento feminista fue capaz de construir alianzas con hombres y mujeres progresistas dentro del Congreso, y lucharon duramente contra esa propuesta.
En EEUU, durante el mismo período, el movimiento por el Derecho a la Vida se extendió rápidamente, sobre todo después que Ronald Reagan fuera elegido Presidente. En los años 80 y 90 sus agentes bombardearon clínicas y asesinaron al personal de salud que proporcionaba el servicio. Recientemente, estos grupos –cuyas acciones no pueden ser descriptas sino como tácticas terroristas– han aumentado sus conexiones en los países en desarrollo, especialmente en aquellos donde hay grandes comunidades católicas.
Las Naciones Unidas constituyen otro espacio crítico para examinar las recientes políticas globales sobre el aborto. En la Conferencia Internacional sobre Población de México, en 1984, la alianza entre la administración Reagan y el Vaticano generó una gran controversia alrededor del tema. EE UU suspendió la financiación del Fondo de las Naciones Unidas para la Población (FNUP), argumentando que sus programas facilitaban el acceso al aborto. Como resultado, el aborto sería excluido de la agenda de la Conferencia Mundial del Decenio de las Naciones Unidas para la Mujer realizada en Nairobi en 1985. Sin embargo, estas tendencias negativas comenzarían a revertirse en el así llamado Ciclo Social de los años 90 de las Naciones Unidas, una serie interconectada de debates globales que comenzó con el de Medio Ambiente y Desarrollo (Río de Janeiro, 1992).
En Río, en oposición a la postura tanto del Vaticano como de George Bush –padre del actual Presidente de EE UU–, se adoptó la recomendación de agregar el acceso a la salud reproductiva a la planificación familiar. Las definiciones de la Conferencia de Viena de 1992 con respecto a los derechos humanos de las mujeres afirmaron que éstos últimos se aplicaban tanto al dominio público como privado. Esto creó la base para el posterior desarrollo hacia la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (CIPD) de 1994 en El Cairo y hacia la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer realizada en Beijing en 1995, en la que un acuerdo con relación a los conceptos de derechos sexuales y reproductivos, y el aborto fue definido como un gran problema en la salud pública. En Beijing, también se hizo la recomendación de que los países deberían rever sus legislaciones punitivas con respecto a la interrupción del embarazo. Las organizaciones de mujeres celebraron estas victorias en todo el mundo y comenzaron a usar estas definiciones para abogar a favor de la reforma legal en cada país.
Pero la batalla continuó. En las revisiones de Cairo+5 y Beijing+5 (1999-2000), los contenidos relativos al aborto fueron objeto de ataques virulentos del Vaticano, los países islámicos y algunos pocos países en vías de desarrollo. A pesar de esto, el consenso de 1994-1995 fue preservado y aun ligeramente ampliado (ACÁ VA LA NOTA 4). Luego, en el año 2001, la administración Bush entró en escena y reavivó inmediatamente las políticas de Reagan de los años 80. Aun antes de rechazar la ratificación del Protocolo de Kyoto, promulgó la ley que restringe la asistencia con fondos americanos para todas aquellas ONG que incluyan cualquier actividad relacionada con el aborto en sus programas.
Esto fue seguido por la exclusión de los objetivos de El Cairo-Beijing con respecto a los derechos sexuales y reproductivos de los indicadores definidos para monitorear las Metas de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas, porque EE UU interpretó salud reproductiva como sinónimo de aborto. En la Revisión de la Cumbre de la Infancia, en mayo de 2002, tuvo lugar un debate muy duro con relación al sobre el aborto. En Río+10, en agosto de 2002, se disputó por un párrafo hasta el final, porque EE UU y sus aliados islámicos pregonaron un lenguaje que sometía las políticas de salud a los valores religiosos y culturales. Mary Robinson, en su última intervención pública como Alta Comisionada para los Derechos Humanos, habló clara y fuertemente contra esta formulación. Al mismo tiempo, el Congreso de EE UU suspendió una vez más la financiación para el FPNU. Por último, en la reunión de la Comisión Económica y Social para Asia y el Pacífico (Escap, por su sigla en inglés) de las Naciones Unidas de diciembre de 2002, preparatoria de El Cairo+10, la administración Bush fue vencida por primera vez desde que asumió el poder, en una negociación de las Naciones Unidas con el artículo en la V Conferencia sobre Población para Asia y el Pacífico, en Bangkok del 11 al 17 de diciembre de 2002.
Para entender plenamente lo que está en juego detrás de estas numerosas batallas de las Naciones Unidas es crucial tener presente el análisis desplegado por Catholic for a Free Choice:
“Las raíces del comportamiento político fundamentalista están fundadas en las interpretaciones patriarcales de las creencias y los valores religiosos. Los fundamentalistas creen que están protegiendo y preservando la cultura religiosa, las tradiciones y los modos de vida establecidos d de la erosión secular… Esto es particularmente problemático para las mujeres porque cuando los fundamentalistas actúan en el plano político para bloquearles el acceso a los servicios de salud reproductiva, los oficiales del Estado y del Gobierno –con frecuencia hombres que fueron educados dentro de tradiciones religiosas patriarcales– en general aceptan la perspectiva fundamentalista como representativa de la tradición. Las perspectivas progresistas son vistas como nuevas y menos legítimas. Los hacedores de políticas están más afines a aceptar la agenda fundamentalista contra las mujeres porque les resulta familiar y preserva los privilegios de los varones.”
Por otra parte, es sumamente importante ser conscientes de que en estas negociaciones globales el “aborto” corre siempre el riesgo de convertirse en el objeto de negociaciones diplomáticas fáciles. Los Gobiernos pueden abandonar con facilidad su compromiso formal con la autodeterminación reproductiva de las mujeres cuando se les ofrecen pequeñas ganancias en el terreno económico o geopolítico. No obstante, en las revisiones de El Cairo+5 y Beijing+5 hemos sido testigos de que países cuya legislación permite el aborto bajo solicitud – como es el caso de Cuba, India y Sudáfrica– se comportan como si no estuvieran sujetos a sus propias leyes.
A pesar de existir evidencia clara y concreta de que el aborto es una cuestión global y geopolítica crítica, no ha sido tratada de manera sistemática ni consistente en los escenarios centrales del FSM. No es que haya estado ausente de este Foro. Se debatió sobre el aborto en talleres organizados por feministas o aun por Right to Lifers, que ha hecho su aparición plena en el FSM de Porto Alegre en 2002. En el año 2001, una marcha feminista vigorosa protestó contra los efectos nocivos de la política global de George W. Bush sobre el aborto y logró una amplia cobertura de los medios de comunicación. Una vez más, en 2002, se organizó una marcha por la legalización del aborto, que logró más visibilidad en la apertura del Carnaval de Porto Alegre que en la misma agenda del Foro. No es excesivo decir que el debate del aborto ha permanecido en los márgenes del FSM, así como ocurre en la sociedad en general.
Según el punto de vista de DAWN, la política global del aborto debe ser incorporada plenamente al FSM. Primeramente, porque nada indica que la administración Bush – y otras fuerzas poderosas contrarias al aborto– cederán fácilmente en sus posturas morales conservadoras. Y esto va necesariamente a jugar en las varias negociaciones globales que están teniendo lugar actualmente o están proyectadas para el futuro cercano. En segundo lugar, porque el acceso legal y seguro al aborto es una dimensión no negociable de la igualdad de sexos. El reclamo de la despenalización de este procedimiento pertenece a la agenda de los derechos humanos de las mujeres. Es suficiente recordar el marco sexual y reproductivo de la salud y los derechos, que fue acordado en El Cairo y Beijing por la gran mayoría de los Estados miembro de las Naciones Unidas. En tercer lugar, el aborto debe ser visto como un tema crucial en el debate contemporáneo sobre democracia. Entre otras cosas, porque nos obliga a reevaluar plenamente la relación entre la Religión y el Estado. Como dice sabiamente Daniel Maguire:
"La separación entre la Religión y el Estado ha abierto las puertas a la gobernabilidad democrática moderna. Cualquier esfuerzo para revivir la fusión de los dos es una invitación al retorno del caos medieval… La Religión puede hacer cosas buenas. Los Estados pueden hacer cosas estupendas. Pero la fusión de ambos no trae consigo un buen resultado. Cada uno de ellos debe tener su propio terreno”.
Y por último, pero no por ello menos importante, en la perspectiva de DAWN el FSM es un lugar privilegiado para exponer y debatir posiciones que dentro de las diversas religiones divergen de las posturas dogmáticas hegemónicas sobre el aborto, y dar mayor visibilidad a la “silenciada” implicancia ética del aborto, el razonamiento moral que está detrás de la decisión de las mujeres de interrumpir los embarazos no deseados. Al mantener el aborto como un tema marginal de su agenda central, el FSM está resignando el objetivo de sostener un ambiente intelectual y político que realce y acepte plenamente todas las formas de diversidad.
DATOS GLOBALES SOBRE ABORTO
Aproximadamente el 62% de la población mundial vive en 55 naciones en las que el aborto está permitido, ya sea sin restricciones o por alguna razón o fundamento económico o social. Este grupo incluye algunos de los países con mayor cantidad de habitantes, como China, India y Estados Unidos así como la mayoría de los que integran la Unión Europea. El 13% de la población mundial vive en 42 naciones en las que se permite el aborto por razones de salud mental o física. El 25% vive en 54 países en los que se prohíbe excepto si es para salvar la vida de la mujer. En la mayoría de los países en el mundo entero, 189 en 193, se autoriza el aborto en este caso. Hay sólo tres Estados que no lo autorizan bajo ninguna circunstancia: el Vaticano, Malta y Chile.
En Asia, en 16 países cualquier aborto solicitado es autorizado, en l7 se autoriza si es para preservar la vida de la mujer y en 13, bajo circunstancias más restrictivas. Pero en África, el aborto solicitado sólo es autorizado en 5 de los 53 países: Ghana, Burkina Faso, Sudáfrica, Seychelles y Túnez.
En América Latina, el aborto es ilegal prácticamente en todas partes con la excepción de dos estados de México: el Distrito Federal y Yucatán. En algunos países, como es el caso de Brasil, Bolivia, Colombia y algunos estados mexicanos, se puede acceder al procedimiento bajo circunstancias específicas, en particular en caso de violación. En el Caribe, el aborto es legal en cuatro países: Barbados, Cuba, Guyana y Puerto Rico. Desde 1994, cuando la Conferencia de El Cairo reconoció que el aborto era uno de los mayores problemas de salud pública, algunos países han liberalizado sus legislaciones: Albania, Burkina Faso, Camboya, Alemania, Guyana, Seychelles, Sudáfrica y, más recientemente, Nepal. Hubo también una revisión general de la legislación en el Distrito Federal de México. Pero en otros países, principalmente en América Latina, la legislación se ha vuelto más restrictiva; es el caso de El Salvador, Perú y Polonia.
En 1995, se realizaron 26 millones de abortos y 20 millones fueron mal practicados. Casi un millón de éstos ocurrieron en Brasil.
La Organización Mundial de la Salud (OMC) estima que entre 1995 y el año 2000, la práctica de abortos inseguros produjo cerca de 78.000 muertes de mujeres y que una de cada ocho muertes registradas como maternales se debieron a complicaciones de este tipo. El aborto es uno de los principales asesinos de las mujeres africanas: 110 muertes cada 100.000 nacimientos, que duplica la tasa de cualquier país en el mundo. En Perú, Chile y República Dominicana las tasas de mortalidad relacionadas con el aborto son 20 vecdes superiores a las que se registran en EE UU.
--------------
Pramilla Senanayake y Karen Newman, “The Politics of Abortion in the Modern Age”, en Conscience, Vol. XXIII, No.3, CFFC, Otoño 2002.
2 Autor de Sacred Choices, www.sacredchoices.org
3 El Senador Jesse Helms fue por muchos años el sostén de la política de EEUU hacia Cuba de sanciones a cualquier costo.
4 En El Cairo+5 fue aprobada la recomendación de que los proveedores de salud sean formados para proveer asistencia a las mujeres que la soliciten después de haber interrumpido su embarazo y para llevar adelante el procedimiento en los países en los que el aborto es legal.
5 Frances Kissling y Serra Sippel, “Women Under Oppressive Regimes”, en Conscience, Vol.XXII, No.4, CFFC, Invierno 2001/2002.