Género y cuidados

Fuente: CEPAL
La inserción masiva y acelerada de la mujer en el mercado de trabajo, ha chocado con varios obstáculos: la debilidad de las políticas públicas para promover las responsabilidades compartidas, la insuficiencia de servicios de cuidado, la dificultad de los hombres para compartir las tareas del hogar, la persistencia de prejuicios en las empresas, la sociedad y los medios. [ampliar]
ANTECEDENTES

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Este sitio web es fruto de la colaboración de Bridge UK con Choike.org. El texto es parte de la Canasta Básica de Bridge sobre Género y cuidados, traducida por choike al Español y disponible en línea junto con nuevas actualizaciones.







Brindar cuidados puede ser una fuente de satisfacción, pero también una terrible carga. En particular para las mujeres y las niñas, la función de cuidadoras que la sociedad les asigna puede socavar sus derechos y limitar sus oportunidades, capacidades y elecciones, convirtiéndose en un obstáculo fundamental para la equidad de género y el bienestar. ¿Cómo podemos avanzar hacia un mundo en el cual las personas a nivel individual y la sociedad en su conjunto reconozcan y valoren la importancia de las diferentes formas de cuidado, pero sin considerar el trabajo de cuidados como algo que sólo las mujeres y las niñas pueden o deben hacer?

¿Por qué son importantes los cuidados?

Brindar cuidados puede tener un gran impacto en las vidas de las personas y en las elecciones estratégicas que están a su disposición, particularmente en contextos de pobreza. Por ejemplo, muchas niñas tienen que abandonar la escuela para ayudar con las tareas domésticas o cuidar a sus hermanas y hermanos menores cuando sus madres están enfermas o trabajando fuera de la casa. Con frecuencia, las mujeres para quienes es imposible darse el lujo de costear el cuidado de sus dependientes no pueden aceptar empleos remunerados o se ven restringidas a trabajos con salario y estatus bajos, como aquellos con base en el hogar. A consecuencia de ello, se reduce su capacidad de ahorrar para la vejez o de contribuir a una pensión, lo cual intensifica la inseguridad a más largo plazo. Conciliar el empleo remunerado con el trabajo de cuidados sin pago hace además que muchas mujeres tengan una ‘doble jornada’, disminuyendo así su tiempo de ocio y provocándoles estrés, agotamiento y desgaste.

Las obligaciones relacionadas con los cuidados también obstaculizan una participación plena y significativa de las mujeres en la esfera pública, lo que les dificulta entrar en debates sobre las políticas sociales, fungir como representantes en cuerpos de toma de decisiones o incluso ejercer su derecho al voto. El resultado es que las prioridades específicas de las mujeres a menudo pasan desapercibidas para las instituciones de dominio masculino, que son responsables de formular políticas públicas y asignar presupuestos.

Aun cuando las actividades de cuidados son remuneradas, el trabajo continúa siendo subvalorado. Los empleos en el sector de los cuidados están altamente dominados por mujeres, su bajo estatus es notorio y el pago muy deficiente. Esto se debe en parte a ideologías de género que presentan el trabajo de cuidados como algo que no requiere de calificación – tareas que son ‘naturales’ para las mujeres.

Las condiciones laborales también tienden a ser malas y una gran parte del trabajo es informal, lo cual significa que quienes brindan cuidados suelen carecer de acceso a los derechos laborales básicos, entre ellos el salario mínimo, condiciones de trabajo decentes, beneficios tales como licencia por maternidad con goce de sueldo, además de la libertad para formar asociaciones.

Las divisiones tradicionales de tareas por género, tales como la “especialización” de las mujeres en el trabajo doméstico y otras actividades no remuneradas, no tienen en cuenta que dicha “especialidad” es una construcción social, basada en prácticas hegemónicas.

¿Por qué son los cuidados un asunto tan importante ahora?

Aunque no son una novedad, estas preocupaciones están cobrando una nueva urgencia a la luz de las ‘crisis de cuidados’ en muchas regiones del mundo. Las múltiples crisis actuales entre las que se apuntan la crisis económico-financiera, el cambio climático y la crisis de soberanía alimentaria están teniendo un impacto diferencial en las mujeres que soportan una carga extra como estrategia para garantizar la supervivencia de sus familias: aceptan salarios más bajos, trabajan todo el día, aumentan las horas no remuneradas o ingresan a la informalidad. Dentro de este panorama, las reducciones de gastos gubernamentales siempre van a tender a aumentar el trabajo no remunerado y el impuesto de tiempo recae sobre las mujeres.

En las raíces de estas crisis se encuentra un menor grado de disponibilidad y anuencia por parte de mujeres y niñas a realizar trabajo de cuidados no remunerado, lo cual se vincula a tendencias positivas como incrementos casi universales de la participación femenina en la fuerza laboral y una creciente inscripción de niñas en la escuela. Sin embargo, al mismo tiempo está aumentando la necesidad de cuidados. Más de 33 millones de personas del mundo tienen el VIH y, como resultado de ello, grandes cantidades de niñas y niños han quedado en la orfandad o vulnerables.

El rápido envejecimiento de la población en países de ingresos medios y altos está creando una enorme demanda de servicios de cuidados para personas ancianas. Y las reformas del sector salud continúan exacerbando estas ya frágiles situaciones, lo que conduce a una mayor comercialización de los cuidados de salud, como también a una mayor dependencia de servicios privados pagados y cuotas para personas usuarias.

A consecuencia de esto, el cuidado institucional de la salud ha dejado de ser asequible para mucha gente. Los hogares que disponen de recursos económicos tienen la opción de pagar por los cuidados; por el contrario, en los hogares más pobres estas necesidades suelen atenderse sólo incrementando el costo para el bienestar físico y emocional de las mujeres y niñas.

Abordando los retos

Es obvio que existen muchas razones de peso por las cuales los cuidados deberían figurar en la agenda del desarrollo. Pero, ¿qué cambios son necesarios y qué enfoques ofrecen las mejores posibilidades de que éstos se produzcan?

Por un lado, se requieren estrategias para ‘desfeminizar’ la prestación de cuidados – cuestionando la suposición de que el trabajo de cuidados es el dominio de las mujeres y no de los hombres Esto puede ayudar a crear las bases para una distribución más equitativa, entre mujeres y hombres, de las responsabilidades frente a los cuidados.

Por ejemplo, se pueden diseñar políticas y programas de manera que amplíen las oportunidades y elecciones femeninas, en lugar de restringir a las mujeres a roles de género tradicionales vinculados a la maternidad y al ámbito doméstico. Una estrategia es la prestación de servicios públicos subsidiados de cuidados de alta calidad a fin de propiciar una presencia más activa de las mujeres en la esfera pública. Un ejemplo innovador en la prestación pública de cuidados se encuentra en la República de Corea, donde desde 2001 se ha introducido un impresionante paquete de iniciativas en materia de políticas sociales. Esto incluye el Seguro para Cuidados de Personas Ancianas, un decidido intento del gobierno anterior por establecer políticas que atiendan las necesidades de cuidados de una sociedad que envejece rápidamente.

Se requieren otras estrategias para ayudar a replantear los cuidados como valiosos y productivos, un paso clave a fin de asegurar que las personas que los brindan reciban el reconocimiento que merecen y el apoyo necesario para realizar su trabajo sin que se socaven sus derechos y su dignidad.

A nivel de las políticas hay varias opciones para apoyar a personas proveedoras de cuidados en el trabajo que realizan. Algunas se centran en reducir la carga de cuidados no remunerados por medio de la provisión de servicios accesibles de electricidad y agua o de servicios públicos de cuidados subsidiados. Otras procuran mitigar las desventajas que experimentan quienes brindan cuidados sin remuneración, proporcionándoles transferencias de efectivo o créditos fiscales para contrarrestar los costos en que incurren al proporcionar cuidados. En algunos países, incluyendo Argentina, Chile y Sudáfrica, los esfuerzos de cabildeo por parte de activistas en materia de género han logrado convencer a los gobiernos de que implementen medidas para proteger los derechos de personas cuidadoras remuneradas; por ejemplo, extendiendo las protecciones laborales básicas a las trabajadoras de casas particulares.

Si estos innovadores enfoques han de traducirse en acción, el compromiso político y la asignación de recursos específicos son un prerrequisito. En la actualidad, ambos continúan lamentablemente ausentes. Cuestionar esta situación requerirá de un fuerte compromiso por parte de quienes luchan por la equidad de género; será necesario presentar argumentos convincentes sobre la importancia de los cuidados y generar una presión continua para que se actúe al respecto. También implica una mayor solidaridad entre quienes trabajan en toda la gama de asuntos relacionados con los cuidados, a fin de construir una amplia y diversa alianza de organizaciones y personas que aboguen por el cambio.

Recomendaciones

1. El trabajo de cuidados debe ser reconocido como un asunto central del desarrollo que necesita justificarse y abordarse en todas las intervenciones del desarrollo, en cada sector, con una perspectiva de género.

Se deberían desarrollar herramientas y listas de requisitos a fin de apoyar a quienes diseñan políticas y a profesionales, para que en su trabajo transversalicen los asuntos relacionados con los cuidados.

2. Las políticas y los programas de desarrollo deben diseñarse en formas que amplíen las opciones de mujeres y hombres y promuevan una diversidad de roles masculinos y femeninos, en lugar de restringirles sólo a los roles de género tradicionales.

3. Las iniciativas para promover la participación económica de las mujeres deben incluir un análisis de la relación que existe entre el empleo remunerado y el trabajo de cuidados, así como medidas integrales para remediar la ‘doble carga’ de trabajo remunerado y del que se realiza sin goce de sueldo.

4. Se necesita una mayor solidaridad entre quienes trabajan en toda la gama de asuntos relacionados con los cuidados – género, VIH y sida, envejecimiento, etc. – desde diversas disciplinas y contextos. A fin de desarrollar soluciones holísticas, son importantes, en particular, las oportunidades para un diálogo más profundo entre personas cuyo trabajo se centra en los aspectos económicos y sociales de los cuidados.

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DESTACADOS
25 Noviembre 2010
Crisis civilizatoria: crisis de los cuidados
(Fuente: Cotidiano Mujer)
 

Lea por capítulos

Capítulo 1 – Introducción

Cap 2. ¿qué son los cuidados? (BRIDGE)

Capítulo 3 - ¿Por qué es importante el cuidado en las políticas de desarrollo?

Capítulo 4 - Encarando los temas esenciales del cuidado

Capítulo 5 – Nuevos problemas del cuidado

Datos sobre el mercado de trabajo

Observatorio de Género y Comercio en el MERCOSUR (Red Internacional de Género y Comercio)

Las mujeres en el mercado de trabajo: Medir el progreso e identificar los desafíos (OIT)

Informe global de la OIT sobre igualdad en el trabajo (OIT)

Políticas sociales

El cuidado en acción: entre el derecho y el trabajo CEPAL (CEPAL)

Las transferencias condicionadas en América Latina: luces y sombras (CEPAL)

Género, previsión y ciudadanía social en América Latina (CEPAL)

La crisis y su impacto en las mujeres

Briefs: el impacto de la crisis en los derechos de las mujeres (AWID)

Las medidas anticrisis en Centroamérica: posibles impactos en el empleo de las mujeres (UNIFEM)

Argentina: La crisis económica mundial, el empleo de las mujeres y las respuestas de política pública (Observatorio de Género y Pobreza de Argentina)

Definiendo el cuidado

El acceso al cuidado desde un enfoque de derechos: nuevos escenarios, nuevos actores (CEPAL)

Estudio comparativo de la "economía del cuidado" en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Uruguay (Red de Género y Comercio)

Corresponsabilidad en el cuidado

Crisis civilizatoria: crisis de los cuidados (Cotidiano Mujer)

Hacia nuevas formas de conciliación con corresponsabilidad social (OIT y PNUD)

Trabajo doméstico

Mitos y realidades del trabajo doméstico remunerado en Centro América y República Dominicana (Cooperación Foros Igualdad)

Uruguay: ampliando las oportunidades laborales para las mujeres (INAMU)

El Salvador: mujeres, hombres y mundo del trabajo (PNUD)

Trabajadoras domésticas en Perú: Ley insuficiente y derechos no reconocidos (Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán)

Organizaciones y redes

BRIDGE

Women for Women's Human Rights (Turquía)

La Comisión Huairou

Instituto PROMUNDO (Brasil)

EME - Masculinidades y Equidad de Género (Chile)

CANTERA (Nicaragua)


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