Migración y trabajo sexual

Fuente: Nodo50
Uno de los objetivos de este documento es es encontrar una visión en la que los pobres —y las pobres— no sean construidos meramente como víctimas. Por Laura Agustín, 2006, formato pdf. [ampliar]
ANTECEDENTES

II Foro Social Mundial sobre las Migraciones - Junio 2006

El intercambio de servicios sexuales por dinero o bienes es un tema que sigue generando controversias. En primer lugar, para hablar del tema es preciso tomar una decisión terminológica aparentemente trivial: es necesario optar por la palabra “prostitución” o por la expresión “trabajo sexual”. Los diferentes actores que están relacionados con este tema no se han puesto de acuerdo ni siquiera en el terreno lingüístico.

Hay dos grandes posiciones al respecto: la de las abolicionistas y la de las defensoras de los derechos de las trabajadoras sexuales. La primera visión está representada por algunas organizaciones feministas como la Coalición contra el tráfico de mujeres (CATW por sus siglas en inglés). De acuerdo con ellas, “la prostitución debe ser reconocida no como una parte sino como el cimiento de la subordinación patriarcal de las mujeres”. Denuncian al “capitalismo patriarcal” por empujar a las mujeres al comercio sexual, a causa de las desigualdades sociales, políticas y económicas que por su condición de tales padecen. No consideran que pueda haber ningún tipo de opción por su parte. Además, la prostitución “refuerza las disparidades de género en cuanto a derechos y a estatus”.

Se oponen al término “trabajo sexual”. Sostienen que el debate sobre la prostitución trasciende el terreno semántico ya que si la prostitución es reconocida como un trabajo legítimo, el tema deja de ser considerado como una forma de violencia contra la mujer. Critican a las ONG que consideran que esta terminología dignifica a las prostitutas. Argumentan que no dignifica a la trabajadora sexual sino a la industria sexual. El término “trabajo sexual”, señalan, “no expresa la explotación que suponen el tráfico y la prostitución”.

Con respecto a la legislación, las abolicionistas buscan la despenalización de la prostitución. Critican las políticas represivas contra las prostitutas pero promueven la persecución de los clientes y los proxenetas, responsables de la explotación de las mujeres. Se oponen a los sistemas regulacionistas que controlan la prostitución delimitando zonas, exigiendo registros y controles sanitarios. De acuerdo con ellas, estos sistemas propician el tráfico ilegal de mujeres hacia países donde la prostitución está permitida. Algunas ONG abolicionistas tienen como objetivo rescatar a las mujeres de la prostitución y capacitarlas para que puedan encontrar fuentes laborales alternativas o seguridad en el matrimonio.

Los defensores de los derechos de las trabajadoras sexuales tienen una visión muy diferente de la prostitución. De acuerdo con ellos el trabajo sexual (sea ejercido por un inmigrante o no) no siempre es forzado. Cuestionan el concepto tradicional de prostituta, mujer y víctima por un lado y de cliente, hombre y explotador por el otro. La activista e investigadora Laura Agustín si bien reconoce que la mayoría de los trabajadores sexuales son mujeres, resalta el hecho de que el número de hombres y transgénero que ejercen la prostitución va en aumento. También apunta que los clientes no son sólo hombres sino también mujeres y transgénero.

De acuerdo con esta visión, lo fundamental es diferenciar al trabajo sexual forzado del no forzado. Reconocen que hay gente que es inducida sin su consentimiento al comercio sexual a través de violencia y amenazas; sin embargo, como señala Agustín, “muchos migrantes que realizan trabajos sexuales no se describen como ‘forzados’ ni sin otra opción en la vida. Tendrán menos opciones o menos opciones agradables que otras personas, pero las tienen. Es también importante señalar que entre los que sufren de la pobreza, malos matrimonios y todo el abanico posible de factores causantes, no todos optan por el trabajo sexual, como no todos optan por migrar. Ningún tipo de determinismo explica por completo el fenómeno humano de la elección. Toda opción es intervenida por cuestiones de clase, género, etnia, nivel económico y las condiciones sociales del momento en su tierra […] Las acciones se dan dentro de estructuras y dinámicas geopolíticas y económicas”.

Los defensores de los trabajadores sexuales reconocen las ventajas del trabajo sexual (horario flexible, la posibilidad de obtener efectivo al momento, en el caso de la prostitución callejera, entre otras) y sus desventajas, la mayoría de las cuales son consecuencia de la clandestinidad (falta de seguridad social y protección en caso de violencia o explotación por parte de los proxenetas).

Con respecto a la legislación, estos grupos buscan despenalizar todos los aspectos de la prostitución. Sostienen que si los clientes son perseguidos, el trabajo de las prostitutas será más riesgoso ya que la clandestinidad se agravaría.

En cuanto a la dimensión que la migración aporta al trabajo sexual las dos perspectivas resumidas más arriba tampoco coinciden. Las abolicionistas consideran que la distinción entre prostitución y tráfico es utilizada “para que algunas formas de prostitución sean aceptables y legítimas, transformando el daño que la prostitución provoca en las mujeres en un acto voluntario y excluyendo la prostitución de la categoría de violencia contra la mujer”

La Relatora especial de Naciones Unidas sobre la violencia contra la mujer, Radhika Coomaraswamy, no comparte esta opinión. De acuerdo con ella, “el elemento que distingue la trata de otras formas de circulación es el carácter no consensual del tráfico”. La Relatora especial realizó algunas consideraciones con respecto al trabajo de algunas organizaciones que promueven el rescate de las mujeres que trabajan en burdeles: “algunas organizaciones de mujeres se ven estimuladas por un imperativo moral de ‘salvar’ a mujeres inocentes. Así, algunos programas provienen de la idea de que las mujeres necesitan ser "rescatadas y rehabilitadas", en lugar de apoyarlas y otorgarles derechos”.

Su informe cita un “manifiesto de las trabajadoras sexuales”, en un esfuerzo por darles voz: “las organizaciones benéficas son propensas a rescatarnos y colocarnos en hogares ‘seguros’, las organizaciones de desarrollo es probable que nos "rehabiliten" mediante actividades que generan escasos ingresos, y la policía parece inclinada a llevar a cabo redadas en nuestros barrios so pretexto de controlar la trata "inmoral". Ni siquiera cuando se habla de nosotras en de forma menos negativa o incluso amable en disertaciones que ejercen cierta influencia nos libramos de la estigmatización o la exclusión social”.

Hay estudios que cuestionan la inclusión de la trata internacional de mujeres para la prostitución como un tema que forma parte de las migraciones. Esta interpretación argumenta por qué no es conveniente vincular la trata con el fenómeno de las migraciones, dados los riesgos tanto teóricos como políticos y de intervención práctica que dicha presunción conlleva. ("Migraciones, globalización y género en Argentina y Chile", Cecym - 2006). Más análisis cuestionan la victimización que se genera en otras interpretaciones: "El discurso de la trata o el tráfico de mujeres supone que para las mujeres es mejor quedarse en casa que abandonarla y meterse en problemas; se considera que los problemas dañarán irreparablemente a las mujeres (que son evaluadas junto a los niños), mientras que se espera que los hombres enfrenten y superen los problemas de manera rutinaria. Pero uno de mis objetivos es encontrar una visión en la que los pobres —y las pobres— no sean construidos meramente como víctimas" ("Cruzafronteras atrevidas: otra visión de las mujeres migrantes", Laura Agustín, 2005)

Los defensores de los derechos de los trabajadores sexuales si bien están preocupados por la situación vulnerable de los migrantes que ejercen esa profesión señalan la responsabilidad de las políticas antimigratorias de los gobiernos más que la naturaleza explotadora de la prostitución. Si las mujeres trabajan ilegalmente no pueden denunciar la violencia y los malos tratos que sufren ya que serían deportadas inmediatamente. De acuerdo con la Relatora especial, los gobiernos que optan por la ley y el orden para combatir el tráfico suele contradecirse con la protección de los derechos humanos. Este enfoque suele “servir para crear o exacerbar situaciones ya existentes que provocan la trata de mujeres o contribuyen a ella”.

El tema del tráfico ha estado el la agenda internacional desde fines del siglo XIX. El primer instrumento de Naciones Unidas que lo trató fue el Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena. Este documento puede considerarse de orientación abolicionista, ya que establece que “la prostitución y el mal que la acompaña, la trata de personas para fines de prostitución, son incompatibles con la dignidad y el valor de la persona humana” y persigue a los proxenetas a otras terceras partes.

Más de 50 años después otro instrumento fue aprobado en la órbita de Naciones Unidas: el Protocolo sobre Tráfico de Personas, complementario a la Convención contra la Delincuencia Organizada Transnacional (2000). Si bien algunas organizaciones han reconocido que en el protocolo se establece la primera definición de “tráfico”, el cuaucus de derechos humanos denunció que no proporciona protección a las víctimas a no ser que testifiquen. Otra crítica apunta al hecho de que un tema de la complejidad del tráfico fue tratado en un convenio destinado a combatir el crimen y no en un tratado de derechos humanos.

La organización Network of Sex Work Project declaró que “más que desarrollar medidas que reduzcan los riesgos que enfrentan grupos específicos, el protocolo propone medidas punitivas antimigragorias que confunden a los ‘perpetradores’ con las ‘víctimas’ del tráfico y se centra exclusivamente en la documentación ilegal en lugar de la violencia, el engaño y las violaciones a los derechos humanos”. También señalaron que el protocolo se centra exclusivamente en las mujeres y en los niños y excluye a los hombres y a los transgénero, que también constituyen una población vulnerable y necesitan que sus derechos humanos sean protegidos.

Un informe de la Organización Internacional del Trabajo publicado en 1998 fue mejor recibida por los defensores de los derechos de los trabajadores sexuales. “El sector del sexo: las bases económicas y sociales de la prostitución en el sudeste asiático” fue considerado “progresista y humano” y “una victoria para la diversidad”. Reconoce la gran contribución de la industria del sexo a la economía de la región y convoca a los gobiernos a reconocer esta actividad como cualquier otro trabajo. Esto implicaría la extensión de los derechos sociales y laborales a los trabajadores sexuales, incluyendo atención a la salud y protección contra el sida.

Para consultar las fuentes de esta introducción recomendamos visitar la versión en inglés del especial (ver más abajo).

Imprimir   Enviar    corregir 
      English version
 

Prostitución

Prostitución: ¿Trabajo o Esclavitud Sexual? (CLADEM)

La prostitución, a debate (Molotov)

Un análisis de las posturas en torno a la prostitución (Molotov)

¿Debe legalizarse la prostitución? (El Correo de la UNESCO)

Prostitución, tráfico sexual y globalización (ALAI)

Informe para el Relator Especial sobre Violencia Contra la Mujer

Del tráfico de mujeres al trabajo sexual de los migrantes

Migraciones, globalización y género en Argentina y Chile

Cruzafronteras atrevidas: otra visión de las mujeres migrantes (Nodo50)

Cuestionar el concepto del ‘lugar’: la migración es algo más que una pérdida

Trabajadoras sexuales migrantes (WHR Net)

De la exclusión al estigma (APDHA)

Marcos nuevos para investigaciones vinculadas con el trabajo sexual (NSWP)

Mujeres migrantes ocupadas en servicios sexuales (NSWP)

Trabajar en la industria del sexo (Mujeres en red)

El sector del sexo: un informe de la OIT (OIT)

Las causas de la migración internacional de las mujeres (Alai)

Listas de recursos

Migración y tráfico de mujeres y niñas (ISIS)

Prostitución/trabajo sexual (Mujeres en red)

Tráfico de mujeres (Mujeres en red)

Tráfico

La prevención como un nuevo enfoque a la trata de personas (EnLACes de AWID)

Las tecnologías de la información y comunicación y la trata de mujeres (AWID- GenderIT)

Trata de mujeres: conexiones y desconexiones entre género, migración y derechos humanos

Aumenta tráfico de personas en el mundo

Informe de Radhika Coomaraswamy, Relatora especial sobre la violencia contra la mujer, sobre el tráfico de mujeres

Legislación internacional

Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena- 1949

Convención contra la Delincuencia Organizada Transnacional

Protocolo para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños

Guía para el Nuevo Protocolo de Naciones Unidas sobre Tráfico de Personas

Comentario de la Coalición contra el tráfico de mujeres sobre el protocolo

Resumen de la Posición del ACNUR sobre el Protocolo contra el Tráfico de (ACNUR)

Sociedad civil

Global Alliance Against Traffic in Women - GAATW

Red de Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y el Caribe

Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina- AMMAR

Coalición Contra el Tráfico de Mujeres

Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer- Cladem

WHR Net


Choike es una iniciativa del Instituto del Tercer Mundo
www.choike.org | Contacto | Avda. 18 de julio 2095/301, Montevideo 11200, Uruguay | Tel.: +598 2403 1424